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Amistad a prueba de fuego

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"El amigo ama en todo momento; en tiempos de angustia es como un hermano"(Proverbios 17:17].

Jonatán era el legítimo heredero al trono de Israel. Las grandes victorias del rey Saúl habían consolidado su futura dominación. La popularidad tanto del padre como del hijo había crecido a lo largo de todo el reino. El príncipe había mostrado en varias ocasiones su valor, heroísmo y amor por la patria.

Pero un día, Saúl se enfrentó a un enorme desafío. Se trataba del gigante Goliat, quien durante cuarenta días lo insultó y desafió delante de su ejército. Su hijo veía el rostro de preocupación del perplejo monarca. Ninguno de los dos sabía qué hacer. Jonatán no se atrevió a insinuar que él podría salir a pelear con el temerario paladín filisteo. De pronto, apareció en la escena un adolescente lleno de valor. De manera impensable, armado con una honda y unas piedras se ofreció para luchar con el gigante sin temor en su rostro. Jonatán lo miraba con admiración. El joven descendió a luchar con el corpulento soldado. El príncipe lo miró emocionado mientras David acertaba el tiro en la frente de su rival, para luego cortarle la cabeza. Se unió a los clamores de alabanza dirigidos al valiente pastor de ovejas. Antes que nadie, se dio cuenta de que aquel día había nacido un nuevo líder para el pueblo de Israel.

Las victorias del nuevo guerrero de Israel acrecentaron su popularidad. Pronto, el rey se dio cuenta de que ahora su hijo tendría un rival que podría ensombrecer su futuro reinado, así que decidió aniquilarlo. No obstante, Jonatán se dio cuenta de que el liderazgo de David era superior al suyo y reconoció que Dios estaba detrás de aquel joven. Y como un ejemplo de grandeza humana, decidió renunciar a su derecho de convertirse en monarca hebreo y aceptó el hecho de que David llegara a serlo. Además, no asumió la actitud beligerante de su padre hacia el joven y rechazó verlo como su enemigo. Más bien, prefirió ofrecerle su genuina amistad y darle todo su apoyo para fortalecer su liderazgo.

Saúl reprochó en varias ocasiones a Jonatán su benevolente actitud hacia quien él consideraba como su enemigo. Pero el príncipe fue un sincero amigo de David en momentos muy difíciles. No estuvo dispuesto a traicionar a su amigo ni a deshonrar a su padre.

El orgullo humano nos impide disfrutar los logros de los grandes amigos. A veces, pequeñas diferencias o intereses egoístas destruyen entrañables amistades. Por eso, Jonatán nos deja la huella de alguien que supo ser un verdadero amigo.

Pide al Señor que te ayude hoy a seguir su ejemplo.

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