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El amigo de Dios

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"Porque al Señor le repugnan los perversos, pero es amigo de los hombres honrados"(Proverbios 3:32).

Abraham nació en Ur durante el periodo neosumerio. "Durante los setenta y cinco años que Abraham vivió en Ur y en Harán, el país estuvo bajo el dominio de gobernantes sumerios, aunque los amorreos, que ya habían dominado la mayor parte de Siria y Palestina, estaban penetrando en Mesopotamia. Hacia el 1830 a.C. fundaron la poderosa 1- dinastía de Babilonia, cuyo 62 rey, Ham- murabi (1728-1686 a.C.), fue el gobernante más notable" (Diccionario bíblico adventista, pp. 9,10). Durante su infancia tuvo serios problemas en sus concepciones religiosas debido a que su familia adoraba tanto al Dios del cielo como a otras deidades paganas (Josué 24:2). Esa dualidad de cultos provocó que el pequeño Abraham creciera sin una identificación plena hacia el Señor. Además, el ambiente de Mesopotamia, y sobre todo su familia, no era del todo saludable para su crecimiento espiritual.

Un día el Dios verdadero llegó a su vida y lo invitó a ser su amigo. Abraham aceptó la invitación y todo comenzó a cambiar. Ambos desarrollaron una profunda amistad pasando mucho tiempo juntos (Santiago 2:23). La confianza de Abraham en el Dios del cielo llegó a ser tan grande que estuvo dispuesto a dejar su país y a su parentela, peregrinar durante varios años por una tierra que supuestamente sería suya y, lo más inverosímil, aceptar el mandato divino de sacrificar a su amado hijo Isaac, lo cual no sucedió. Había aprendido a confiar en el Señor, a abrir su corazón a Dios como a un amigo, a escuchar su voz y reconocer sus disposiciones. Su Amigo era lo bastante confiable como para seguir al pie de la letra sus indicaciones. No obstante, Abraham le falló varias veces, desconfiando de sus promesas y mintiendo a otros. Pero Dios lo perdonó y le devolvió la confianza.

Una sólida amistad con Dios es una realidad al alcance de los hijos de Dios. Eso significa que tanto tú como yo podemos gozar hoy de una experiencia de esa naturaleza. Lo único que Dios quiere es ser tu Amigo. Esa es la base de la fe y la esperanza cristiana. Él sabe que no eres perfecto y que, como Abraham, es posible que hoy tengas algunas ideas que no corresponden al verdadero rostro del Padre celestial. Pero eso no impide que seáis amigos. No lo olvides. Lo importante es que vivas cada día con él.

Este día te invito a aceptar al Señor como tu Amigo. Él está dispuesto a hacerte vivir esta experiencia extraordinaria.

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