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El rostro de la amistad

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"Así como en el agua se refleja el rostro, también en el corazón se refleja el hombre" (Proverbios 27:19).

Había una vez dos hombres que convalecían en la misma habitación de un hospital. A uno de ellos, para ayudar a drenar el líquido de sus pulmones, se le permitía cada tarde sentarse en su cama, la cual daba a la ventana. Sin embargo, el otro tenía que permanecer todo el tiempo tumbado. Con el paso de los días, ambos desarrollaron una gran amistad. Cada vez que se sentaba en la cama, el hombre describía a su compañero todo lo que podía ver. Escuchar tantos detalles producía una gran satisfacción al que permanecía sin poderse levantar, quien solía cerrar los ojos para disfrutar de la maravillosa descripción de su vecino: el parque donde caminaban los enamorados, los patos del lago, los niños jugando con sus cometas, los frondosos árboles adornando el paisaje... Ese momento se convirtió en el mejor del día. Así que, cada día, el hombre que permanecía en su cama esperaba con ansiedad la descripción diaria de su vecino.

Un día, una de las enfermeras entró a la habitación y descubrió que el narrador había muerto mientras dormía plácidamente en su cama. Aún se dibujaba una sonrisa de paz en su rostro. Entonces, el compañero de habitación pidió a la enfermera que lo cambiara a esa cama, junto a la ventana. La enfermera accedió y lo cambió. Emocionado, el paciente se apoyó sobre sus antebrazos y estiró el cuello lo más que pudo tratando de mirar por la ventana. Sin embargo, ¡se encontró con una pared blanca! Desconcertado, le dijo a la enfermera:

-Perdone, ¿qué ha pasado con la ventana que estaba aquí? Mi compañero que ha fallecido me describía las cosas maravillosas que veía a través de ella.

La enfermera sonrió y le dijo amablemente:

-El hombre que murió era ciego, así que no pudo haber visto ni la pared. Lo más probable es que solo quisiera animarlo a usted.

Un verdadero amigo sabe compartir los dolores y los sufrimientos. Además, te ayuda a ser feliz y te hace más llevadera la vida. Los verdaderos amigos son un bálsamo, un refugio, un espacio para recargar las baterías. Su influencia te hace una mejor persona y te deja un agradable recuerdo en el corazón.

¿Qué le vas a dejar a tus amigos? ¿Qué recuerdo tendrán de ti? ¿ Con qué se van a quedar?

Pide hoy al Señor que te ayude a mejorar la vida de tus amigos.

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