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Bromas pesadas

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"Un loco que, en su locura, lanza mortíferas flechas encendidas: ¡eso es el hombre que engaña a su amigo,y luego alega que lo hizo de broma!" (Proverbios 26:18,19).

Raúl se encontró un día con sus amigos y les contó que se había comprado un coche. Todos lo miraron como no creyendo la noticia. Sin embargo, con mucha solemnidad, el chico afirmó que era verdad. Entonces, se esparció la noticia: Raúl se ha comprado un precioso coche. A los pocos días, Daniel se enteró de la nueva adquisición de su amigo. Así que se atrevió a pedirle el coche el siguiente fin de semana para salir con unos amigos. Raúl estuvo de acuerdo. ¡Daniel no lo podía creer! Así que se apresuró para hacer los preparativos en lo que se vislumbraba como una experiencia inolvidable. Y vaya que lo fue. El día señalado, Daniel se levantó emocionado y pasó a recoger el flamante automóvil. Raúl ya lo esperaba acompañado de unos amigos. Entonces, sacó un coche de juguete y lo puso en sus manos: "Aquí está el coche que he comprado". A Daniel se le desfiguró el rostro. Sus planes se habían arruinado. Raúl y sus amigos reían a placer. Todo había sido una broma.

En cierta ocasión escuché a un locutor de radio hacer una broma muy pesada a una mujer acerca de su esposo. La mujer se puso a llorar desconsoladamente sin saber que la conversación estaba saliendo en directo. La situación pareció salirse de control y el locutor no sabía cómo remediarlo, así que hubo que cortar la conversación.

Hay quienes piensan que es inofensivo gastar bromas pesadas a los demás, pero pocas veces se ponderan los efectos que eso tiene. Dejar en ridículo a otras personas no ha de ser motivo de regocijo. "No hemos de ser charlatanes, o chismosos, o cuenteros; no hemos de dar falso testimonio. Dios nos prohíbe ocuparnos en conversaciones frívolas o necias, en hacer chistes o bromas, o en hablar palabras vanas. Tendremos que dar cuenta a Dios de lo que decimos. Seremos llevados a juicio por las palabras que no hacen bien ni al que habla ni al que oye. Hablemos todos palabras que tiendan a la edificación" (Mente, carácter y personalidad, 1.1, p. 122).

No te prestes a gastar bromas pesadas a los demás ni te alegres cuando alguien es dejado en ridículo. No es una actitud cristiana.

Este día pide al Señor que te enseñe a respetar a los demás y a edificar sus vidas.

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