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No hay nada que temer

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"No temerás que de repente te asalten las calamidades que merecen los impíos. El Señor te infundirá confianza, y evitará que tus pies queden atrapados" (Proverbios 3:25, 26).

Elíseo era un fiel profeta del Señor que informaba al rey de Israel de los movimientos de sus enemigos. En particular, el rey de Siria tenía intenciones de atacar a Israel, pero Eliseo avisaba al monarca hebreo sobre las estrategias militares que sus enemigos planeaban en secreto. Molesto por el fracaso de sus planes, el líder sirio decidió averiguar quién era el traidor que estaba espiando para los israelitas. Entonces, le informaron que el responsable era el profeta Eliseo.

Entonces, el rey de Siria envió a un gran ejército que se presentó frente a la humilde morada del profeta. A la mañana siguiente, Giezi, siervo del profeta, abrió la puerta de la casa, ¡y de pronto vio a un poderoso ejército dispuesto a aniquilarlos! Así que corrió y avisó al profeta de la situación en medio de clamores de desesperación. Eliseo lo escuchó con calma y sonrió ante el rostro descompuesto del joven. Su respuesta fue una oración a Dios: "Señor, ábrele a Giezi los ojos para que vea" (2 Reyes 6:17, NV1). Dios respondió la oración, y el criado vio que la colina estaba repleta de caballos y de carros de fuego alrededor de Eliseo. ¡Se trataba del ejército celestial! En todo momento había estado ahí, ¡pero él no lo había percibido!

Estoy convencido de que en este mundo los seres humanos alcanzamos a percibir ciertos niveles de la realidad. Pero hay otras dimensiones que están ahí, aunque no las veamos. Por ejemplo, los ángeles están con nosotros cada día para protegernos, aunque no los percibamos. Además, cada día la naturaleza tiene cientos de enseñanzas sobre el amor de Dios, pero debido a que llenamos la cabeza de preocupaciones, ansiedades y asuntos terrenales, no las aprovechamos.

Es necesario que Dios abra nuestros ojos para contemplar sus maravillas en la naturaleza, en las enseñanzas bíblicas, en las providencias cotidianas, en la resolución de nuestros problemas, en los conocimientos que adquieres en la escuela. En realidad, la huella de su presencia está por todas partes. ¿Te has dado cuenta de eso?

Esta mañana te invito a rogar al Señor que te abra los ojos para contemplar sus maravillas en tu vida. Así no necesitarás abandonarte a la desesperación o la angustia. Más bien, aprenderás a enfrentar la vida con otra actitud.

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