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¿Es la ignorancia señal de santidad?

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"Si te haces sabio, el provecho es tuyo; si te vuelves blasfemo, sufrirás las consecuencias" (Proverbios 9:12).

Dios usó a Moisés, Daniel y Pablo poderosamente gracias a su sólida educación, y no a pesar de ella. Es cierto que el Señor tuvo que impartir lecciones adicionales tanto a Moisés como a Pablo, pero se debió a su falta de equilibrio entre su instrucción original y su necesidad de entender la perspectiva divina, así como de obtener mayor humildad y ternura como líderes del pueblo de Dios. Aquí es oportuno considerar la siguiente declaración: "La ignorancia no aumenta la humildad o espiritualidad de ningún seguidor profeso de Cristo [...]. Un cristiano intelectual apreciará mejor que nadie las verdades de la Palabra divina [...]. Cristo puede ser glorificado mejor por los que le sirven inteligentemente [...]. El gran objeto de la educación es habilitarnos para hacer uso de las facultades que Dios nos ha dado, de manera tal que exponga mejor la religión de la Biblia y se acreciente la gloria de Dios" [Mente, carácter y personalidad, 1.1, p. 375).

El conocimiento es parte de la naturaleza de Dios (Proverbios 1:7). Él es omnisciente, sabe todo lo que hay que saber (Salmo 139). No desprecia el conocimiento. De ahí que el ser humano -creado a su imagen y semejanza- tenga en su corazón la semilla del deseo de conocer, descubrir, investigar y preguntar sobre su entorno y su propia persona. El conocimiento -incluyendo el que tiene que ver con Dios- resta mérito a la vida cristiana cuando se vuelve un fin en sí mismo y no un medio para alcanzar un propósito (George R. Knight, Myths in Adventism, Hagerstown: Reviewand Herald, 2009, pp. 114-119).

Para un cristiano, la vida va más allá de únicamente dominar un ámbito del saber. Más bien, el conocimiento del cristiano es siempre un instrumento para vivir una saludable relación tanto con Dios como con nuestros semejantes. De acuerdo con la Biblia, todo aquello que se torna un fin en sí mismo llega a ser un ídolo. Lo mismo sucede con el conocimiento -aunque se trate de algo bueno-, ya que cuando es un fin en sí mismo llega a ser un escape de la realidad, que es la antítesis del cristianismo bíblico, que busca enfrentar al individuo con una realidad doble: su condición ante Dios y su responsabilidad de enriquecer la vida de sus semejantes a través del uso de sus talentos.

Nunca hay que perder de vista que el conocimiento no es neutral. Puede llegar a ser una poderosa herramienta para el bien y para el mal, dependiendo del uso que le demos. Por eso, busca la sabiduría para honrar al Padre celestial.

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