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La época de los disparates

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"El inexperto cree todo lo que oye; el que es astuto mira por dónde anda" (Proverbios 14:15).

Cierto día se presentó un individuo en una congregación asegurando que era un pastor adventista pero, por el momento, no estaba empleado por la denominación. Pronto logró que una familia se interesara por su amistad. El hombre conmovió a dichos creyentes con una historia de supuestas injusticias que algunos dirigentes de la iglesia le habían causado. Luego compartió con ellos algunas interpretaciones del libro de Apocalipsis, donde pretendidamente se presentaba una "nueva luz". Además, desacreditó algunas doctrinas adventistas y las atacó ferozmente. Al poco tiempo, el hogar de esta familia se convirtió en un lugar de reunión donde dicha persona exponía temas cada vez más ofensivos en contra de la directiva eclesiástica, a quienes lanzaba enardecidas acusaciones. Asimismo, manipulaba algunas interpretaciones de la profecía bíblica que favorecían su discurso. El grupo tomó fuerza y al poco tiempo causó una lamentable crisis en la iglesia a la que pertenecía. El desgaste que ocasionó en la congregación dejó heridas aún sin cerrar. En cuanto se vio acorralado, el líder del grupo se trasladó a otro lugar a seguir sembrando su mala semilla.

Jesús advirtió que antes de su venida habría falsos maestros de la Biblia desviando a mucha gente de la verdad (Mateo 24:11). Además, las mentiras serían tan seductoras que atraparían también a personas de su propio pueblo (Mateo 24:24). Eso significa que algunos creyentes prestarían oído a doctrinas equivocadas que los conducirían a la destrucción de su fe (1 Timoteo 4:1). No obstante, a pesar de que el propio Señor lo mencionó, muchas veces olvidamos que esta amonestación hemos de tomarla muy en serio.

En la actualidad, la iglesia padece una explosión de disidencia en diversas zonas del mundo. El pueblo de Dios está enfrentando fuertes ataques de parte de grupos disidentes que lanzan enfurecidas acusaciones a la directiva eclesiástica, las cuales van desde reclamaciones por algunas doctrinas que la iglesia supuestamente enseña mal -como el caso de la Trinidad y la naturaleza de Cristo-, pasando por interpretaciones proféticas particulares, el uso de algunas versiones de la Biblia, ciertos estilos de adoración, hasta inconformidades irrelevantes, así como la construcción de verdaderas teorías conspirativas dignas de una imaginación enfermiza, como el rumor de que en la cúpula de la Iglesia Adventista hay jesuítas infiltrados. Con todo, pocas personas son conscientes del daño que ocasionan a los creyentes con esta clase de actitudes.

No creas todo lo que oyes. Mejor evalúa lo que te dicen con la Palabra de Dios y con un poco de sentido común. Seguramente seguiremos escuchando disparates, pero no es necesario caer en esa trampa.

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