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Bartolomé Díaz

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Cristo vive en ustedes. Eso les da la seguridad de que participarán de su gloria. Colosenses 1:27.

El rey Juan II de Portugal se incorporó de su trono con la mirada fija en Bartolomé Díaz.

-¿Encontraste una ruta marítima a la India? -preguntó el rey.

-Sí, majestad, la encontré -respondió el navegante mientras se Inclinaba frente a su soberano-. Rodeamos la punta sur de África y navegamos varios cientos de kilómetros hacia el norte por el lado oriental. Deseaba continuar hasta llegar a la India, pero la tripulación no estaba dispuesta. Por eso regresamos a casa.

-Cuéntame de tu viaje -le pidió el rey.

-Después de pasar la desembocadura del río Congo, navegamos hacia el sur por mares desconocidos. Vientos cálidos del este cubrieron nuestros barcos con polvo rojizo. Poco después, nos alcanzó una fuerte tormenta que duró trece días, la cual desvió la nave de su ruta hacia el suroeste. -Muy bien -asintió el rey-. ¿Luego qué pasó?

-Después de la tormenta, navegamos al este, pero lo único que vimos era el mar -respondió Díaz.

-Eso significa que deben haber pasado por la punta de África. -Precisamente esa es la conclusión a la que he llegado - comentó Díaz-, Después de eso, enfilamos la embarcación hacia el norte, hasta llegar a tierra. De regreso, permanecimos cerca de la costa y descubrimos un cabo alto que se introducía en el mar al sur de África. Lo llamé el Cabo de las Tormentas, en memoria de los problemas que tuvimos durante la gran tempestad.

-Mejor llamémoslo el Cabo de Buena Esperanza -sugirió el rey-, puesto que ahora tenemos esperanza de llegar a la India.

¿Eres pesimista, como Díaz, siempre mirando el lado negativo de la vida? ¿O eres optimista, como el rey Juan, buscando siempre el lado bueno de las cosas? El pesimista ha perdido la esperanza. El optimista está lleno de ella.

El pesimista se ve a sí mismo y dice: "No veo cómo puedo llegar a ser salvo. ¡Soy tan malo!"

El optimista también es pecador. Pero no fija los ojos en sí, sino mira a Jesús. Dice: "Cuando me aferró a Jesús, no hay forma de perderme”.

Jesucristo llena nuestro corazón de alegría. Nos convierte en personas gozosas y optimistas. Teniéndolo a él en el corazón, llegaremos a nuestro destino. Él es nuestro "Cabo de Buena Esperanza”.

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