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Vasco Nuñez de Balboa

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Así también una sola chispa puede incendiar todo un bosque. Santiago 3:5.

Sigue al sol -le dijo un Indio anciano a Balboa-. Allí encontrarás un gran mar.

-¡Ha de ser el mar que llega hasta Asia! -exclamó Balboa-, Tengo que verlo con mis propios ojos.

Con esto en mente, Inició la travesía del istmo de Panamá, acompañado de un puñado de hombres. Día tras día anduvieron sin rumbo fijo por la enmarañada selva tropical, mientras que por las noches sentían que los mosquitos se los comían vivos. Poco tiempo después, varios de sus compañeros murieron por causa de la malaria.

Los pocos hombres que quedaban con vida, incluyendo a Balboa, hicieron un tremendo esfuerzo por llegar a la cumbre de la última montaña. Allí, frente a sus cansados ojos, estaba el mar, brillante y de un azul intenso al ser bañado por la luz del sol. Balboa sacó su espada y reclamó el gran Océano Pacífico para su rey.

Cuando el rey de España se enteró del gran descubrimiento, decidió trazar un canal a través de los 70 kilómetros de tierra que separaban a los océanos Pacífico y Atlántico. Sin embargo, esa empresa resultó imposible. En aquellos días no existía maquinaria pesada para remover grandes cantidades de tierra. Todo se hacía a mano. Los hombres designados para cavar el gigantesco canal se enfermaron de malaria y murieron. A raíz de esto se abandonó el proyecto durante 400 años. ¿Por qué?

No era debido a las insalvables montañas, a la falta de dinero ni a algún ejército enemigo. Era por causa del pequeño mosquito que transmitía la fiebre palúdica o malaria. El proyecto no pudo continuar hasta que los médicos descubrieron la forma de detener al diminuto anofeles.

-Es que solo me robé un dulce -dijo Juan-, No era muy grande. No creo que eso me impida la entrada al cielo.

-Es que solo conté una mentirita blanca -alegaba Eric-. Eso no le haría daño a nadie.

-Esa palabra grosera que dije era muy cortita -dijo Beto-, Solo tenía cuatro letritas.

¡Cuidado! Los robos pequeños, las mentiritas blancas y las palabras groseras cortitas siguen siendo pecado. El aferrarse a un pecadito acariciado demuestra que tu corazón no está bien con Dios.

Recuerda que un insignificante mosquito fue el que impidió a toda una nación construir un canal. Un pequeño mosquito puede eliminar a un ejército entero.

¿Hay algunos "pecaditos" en tu vida?

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