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Jacques Cartier

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Los que aman tus enseñanzas tienen mucha paz y no tropiezan. Salmo 119:165.

Jacques Cartier, con sus tres barcos, navegaba río arriba por el San Lorenzo. Al hacerse más angosto el río, el francés ancló dos de sus barcos. A los hombres que quedaron allí les dio la orden de construir un fuerte. Cartier, mientras tanto, continuó río arriba hasta verse obligado a anclar el tercer barco. De allí continuó en una chalupa hacia una Isla bastante grande situada en medio del río.

Había más de un millar de Indios en la Isla esperándolo para darle la bienvenida. Guiaron a los exploradores a su villa, donde el jefe les regaló maíz y carne de venado para comer. A cambio, Cartier les dio porotos, bolitas perforadas de vidrio de diferentes colores para hacer collares, y cortes de tela.

Fue muy benéfico para los exploradores trabar amistad con los Indios, puesto que ese Invierno muchos de los hombres de Cartier enfermaron de escorbuto. La boca y las encías les dolían mucho. Se les aflojaron los dientes y el dolor en las articulaciones era Insoportable. No sanaban con facilidad las heridas. La muerte acechaba muy de cerca.

-Nosotros hacer medicina para grande enfermedad -dijeron los Indios al visitar el fuerte- Seguirnos ustedes.

Cartier siguió a los Indios y se Internaron en el bosque donde llenaron una canasta de hojas de abeto. De regreso en el fuerte, los Indios prepararon una olla grande de té de abeto.

-Beberlo -ordenaron los indios-. Buena medicina.

Los exploradores obedecieron y, en poco tiempo, recuperaron la salud. Los que aún no habían enfermado también bebieron el té de abeto y de esa manera evitaron la enfermedad. Cartier y sus hombres no lo supieron, pero el escorbuto se genera por falta de vitamina C en la alimentación. Durante las largas expediciones, los hombres se alimentaban con carne seca salada y bollos secos. Era muy raro que consumieran frutas o vegetales frescos. El té de hojas de abeto les proporcionó la vitamina C que les faltaba.

Conozco a varias personas que sufren de escorbuto espiritual. Son débiles y apáticas en su vida cristiana. Se ofenden con facilidad. Su orgullo herido tarda mucho en sanar.

Las personas que sufren de escorbuto espiritual urgentemente necesitan fuertes dosis de té bíblico. La Biblia contiene un elemento muy especial que nos ayuda a enfrentar mejor la vida cotidiana.

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