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Hernán Cortés

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Pues el amor al dinero es la raíz de toda clase de mal. 1 Timoteo 6:10.

Cuando Moctezuma, rey de los aztecas, oyó hablar de Cortés. y su flotilla de barcos voladores, sospechó que los españoles eran dioses. Por lo tanto, envió a sus jefes con obsequios de oro, turquesa y obsidiana.

-¿Esto es todo lo que tienen que ofrecer? -se burló Cortés.

Al enterarse Moctezuma que Cortés marchaba a su ciudad con un ejército y perros de hierro que escupen fuego, le envió mensajeros con hermosos regalos de oro, con el objeto de apaciguarlo.

-Reciba estos presentes y no se acerque más -le rogó Moctezuma.

El oro solo sirvió para despertar aún más la ambición de los españoles. El ejército siguió su camino hasta llegar a la capital del Imperio Azteca. To marón prisionero a Moctezuma y lo persuadieron a abrir sus depósitos de tesoros a cambio de su vida. Aun así, los españoles no quedaron satisfechos. -Llena estos tres cuartos con oro -ordenó Cortés.

Entonces empezó a llegar oro a la ciudad proveniente de diferentes partes del imperio. Pero ello no fue suficiente. Los hombres de Cortés violaron los templos y tiraron los ídolos en busca de más oro. Arrancaban collares y joyas de los cuerpos de los indios. Siguió una batalla cruenta y feroz en la que murieron Moctezuma y miles de su hombres.

La obsesión por el oro hizo que Cortés y sus hombres se comportaran como dementes, sin importarles la vida humana. La codicia es algo trágico. Produce crueldad en las personas hoy, como en los días de Cortés.

Tal vez conozcas a personas codiciosas. Siempre quieren ser los primeros en todo. Tienen que ser los más importantes en todo lo que hacen. No les gusta compartir nada. Anhelan salirse con la suya sin importar lo que piensen o sientan los demás.

Es posible comportarse así con cosas sencillas como los juguetes y otros objetos, lo mismo que con cosas más grandes como los automóviles de lujo, por ejemplo. Se nota que algo anda mal cuando las cosas materiales adquieren mayor importancia que nuestro prójimo.

Pidámosle a Jesús que nos quite el egoísmo, el amor por las cosas materiales, y que nos transforme en seres más semejantes a él, siempre dispuestos a compartir y a pensar en otros antes que en nosotros mismos.

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