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Cabeza de Vaca

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Todos ustedes son hermanos por igual. Mateo 23:8.

Eran cuatro los sobrevivientes de la expedición compuesta por 600 hombres hacia el Nuevo Mundo. Cabeza de Vaca, Andrés Dorantes, Alonso del Castillo y Esteban trastabillaban macilentos y descalzos a lo largo de las costas de Texas tras seis meses de privaciones y penurias.

-Ya no doy más -dijo Dorantes al dejarse caer al suelo y recostar su cabeza sobre un viejo leño.

Castillo se sentó a su lado mientras daba masajes a sus pies hinchados. -Debemos seguir moviéndonos o moriremos de frío -advirtió Cabeza de Vaca. Al ver que ninguno le prestaba atención, optó por sentarse al lado de sus compañeros. Exhalando un profundo suspiro, Esteban se unió a ellos.

Al caer la noche, un grupo de indios que se dirigían a casa después de una jornada de cacería, encontró a los cuatro sobrevivientes harapientos, apretujándose para conservar el calor de sus cuerpos. Su condición esquelética, con los ojos hundidos y ropas andrajosas, daba la apariencia más bien de cadáveres que de hombres vivos.

"Luego sucedió lo inaudito -escribió posteriormente Cabeza de Vaca-, Al ver la condición deplorable en que nos encontrábamos, los indios se sentaron junto a nosotros y lloraron. Emitían fuertes lamentos por causa de nuestro sufrimiento. Al oírlos, sentí más el peso de nuestra calamidad. No recuerdo ocasión alguna en mi vida en que alguien se lamentara por mis sufrimientos”.

Los indios no solo lloraron con ellos sino que cubrieron a los desafortunados exploradores con sus propios cuerpos. Condujeron a los hombres de fogata en fogata hasta llegar a su propia aldea donde, cantando, a fin de reanimarlos, los alimentaron con pescado y raíces.

"Me sorprendió encontrar esta clase de bondad entre los nativos -comentó Cabeza de Vaca-, Eran muy emotivos... y sensibles".

Cuán diferente sería este mundo si todos viéramos a nuestro prójimo -aun si fueran diferentes a nosotros- de la misma manera en que los indios vieron a los españoles. ¿No lo crees? Pudieron ver más allá del color de su piel y percibieron su tremenda necesidad como seres humanos. Se interesaron genuinamente en ellos.

Fuera del color de la piel y de nuestra vestimenta, todos somos iguales. Si comprendiéramos y aceptáramos este hecho, nunca actuaríamos mal con una persona de otra raza o cultura. Haríamos todo lo posible por ayudarlos y entablar amistad con ellos.

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