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Martín Frobisher

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Ellos serán mi pueblo -dice el Señor de los Ejércitos Celestiales . El día en que yo venga para juzgar, serán mi tesoro especial. Les tendré compasión así como un padre le muestra compasión a un hijo obediente. Malaquías 3:17.

Era el año 1576. Desde las playas de la Isla Baffin, Martín Frobisher observaba un paisaje desolado y vacío. No había más que nieve, hielo y piedras a su alrededor. Se agachó para observar más de cerca las piedras negras y lisas que tenía bajo sus pies.

-Me pregunto si esto tendrá algún valor -se dijo a sí mismo.

Recogió una de las piedras y la metió en su bolsillo. "Más vale que me la lleve. Por lo menos, podré mostrar algo como resultado de este viaje”, decidió.

La piedra negra y brillosa produjo muchos revuelos en Inglaterra. "¡Es un trozo de mineral de oro!” afirmaba la gente. En poco tiempo se organizó una compañía para extraer el supuesto oro de estas piedras. La misma reina Isabel I adquirió acciones de la compañía.

Frobisher fue enviado en una segunda expedición, de la que regresó con doscientas toneladas de piedras negras. Entusiasmada, la compañía lo envió en un tercer viaje, con quince barcos. Nuevamente regresó con un enorme cargamento de piedras negras. Solo que esta vez lo recibieron con malas noticias. Las piedras no tenían ningún valor. Tuvieron que desechar toda la carga.

Pasaron doscientos años antes de que el geólogo alemán Abrahán Werner descubriera que aquellas piedras negras eran grafito. Actualmente, el grafito es un mineral muy útil y tiene una diversidad de aplicaciones. Se lo utiliza para hacer una gran variedad de artículos, desde los carboncillos de los lápices hasta el centro de los reactores atómicos. Además, se usa para fabricar diamantes sintéticos. ¡Imagínate! ¡Aquellas piedras negras encontradas por Martín Frobisher pudieron haber sido usadas en su tiempo para forjar hermosas y brillantes joyas!

Me parece que tú y yo somos como aquellas piedras negras sin valor aparente. El mundo que te rodea quizá podrá ver y decir: "Ella no vale la pena. Yo no perdería mi tiempo con ella”. O quizás: “¡Él no tiene ningún valor! ¡No sabe hacer absolutamente nada!"

Pero Dios no nos ve únicamente en nuestra condición actual. Dios ve más allá y contempla las posibilidades de cada uno de nosotros. Bajo el exterior oscuro e inútil de las piedras negras, ve las joyas preciosas y brillantes.

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