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Guillermo Baffin

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Delante de cada persona hay un camino que parece correcto, pero termina en muerte. Proverbios 14:12.

Un viento continuo guiaba el Discovery hacia el norte por la costa occidental de Groenlandia, hasta llegar al mismo lugar donde Juan Davis se había topado con la pared de hielo. Una vez más, los témpanos le impedían el paso.

-Arriad las velas -ordenó el comandante Guillermo Baffin- Esperaremos hasta que el calor derrita los témpanos.

-Pero, señor -protestó un marinero joven-, ¿por qué no dejar las velas en alto? Tenemos buen viento. ¡Podríamos romper el hielo y abrirnos paso por la fuerza!

-Allí es donde te equivocas -le replicó Baffin-, Esos témpanos son más grandes de lo que se ven por fuera. Lo que realmente vemos es solo una octava parte del témpano. La parte verdaderamente peligrosa es la que no se ve. Los otros siete octavos están sumergidos en el agua. Si chocamos con uno de esos bloques de hielo, el barco quedaría hecho añicos. No hay forma de que nuestro barquito haga a un lado el hielo.

-¡Vaya! ¡No imaginé que fueran tan grandes! -respondió el jovencito- Si es así, mejor esperemos...

En el transcurso de algunas semanas, se derritió el hielo, y el Discovery pudo abrirse paso a través de los témpanos otros 500 kilómetros antes de regresar a su lugar de origen.

El pecado se parece mucho a los témpanos de hielo. El diablo nos permite ver solo un lado del mal: la parte más atractiva e "inofensiva". Mantiene sus efectos destructivos ocultos. Cuando ya es demasiado tarde, los jóvenes y los adultos, habiendo ignorado el peligro inmediato, advierten que sus vidas naufragaron, y con ellas su felicidad.

El alcohol es uno de los témpanos que usa Satanás. Te permite ver y disfrutar de las alegres fiestas donde todo el mundo bebe. No te dice cuán enfermo te sentirás después. No te muestra a los alcohólicos crónicos, los hogares deshechos por causa del alcohol ni los accidentes automovilísticos, que siembran muerte y dolor.

Las drogas son otro de los témpanos del enemigo. Te permiten experimentar la "euforia” que lo acompaña. Únicamente cuando estás atrapado y esclavizado por la droga, te das cuenta de que había otros siete octavos de témpano que amenazaban tu vida.

Los juegos de azar, las apuestas en los hipódromos, el juego con máquinas tragamonedas en los casinos y las loterías son otros de los muchos témpanos satánicos que a la vista parecen inofensivos.

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