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Juan Franklin

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Pues el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar a los que estaban perdidos. Lucas 19:10.

Me gustaría contratar un barco que vaya al Ártico -dijo la Sra. Franklin, yendo directamente al punto-. Capitán McCIintock, me lo han recomendado altamente. Le suplico que organice una expedición que busque a mi esposo.

-Gracias por su confianza, señora -le contestó el Capitán Leopoldo McCIintock-. Lo que me propone es algo sumamente difícil de llevar a cabo. Ya se han efectuado más de una docena de expediciones con este mismo propósito. Las autoridades creen que no existe esperanza de encontrarlo, ni vivo ni muerto.

-Por esa razón estoy financiando esta expedición -insistió la Sra. Franklin-, No puedo descansar hasta saber realmente lo que le sucedió a Juan.

En ese momento, se le quebró la voz con un sollozo.

-Por favor, prométame que irá.

-¿Cómo me podría negar? Claro que iré. Si Dios lo permite, pronto sabremos qué le sucedió a su esposo.

Fue así como Leopoldo McCIintock se unió a un operativo que se conoce como la mayor búsqueda de una persona en la historia de este mundo. Después de varios meses, pudo rastrear el lugar donde Sir Juan Franklin y sus hombres murieron de hambre en 1847, después de soportar dos años de penurias en el páramo Ártico.

Aunque la búsqueda de Sir Juan Franklin duró doce años, y en ella se emplearon cientos de hombres, no es ciertamente la más grande de todas. Place 1.900 años, Dios inició una búsqueda de hombres más grande que esta.

Envió a su Hijo Jesús a este mundo con el propósito supremo de rescatar a hombres y mujeres, jóvenes y niños que se habían perdido en el frígido desierto del pecado. Esa búsqueda continúa hoy, y millones de cristianos colaboran en esta tarea. Se indaga en cada continente e isla de este mundo. Se registran las junglas más remotas y se peina cada desierto.

¿Te ha encontrado Jesús? ¿Eres su hijo? Si así fuera, él espera que en nuestro trabajo, en el campo de juego o el salón de clases busquemos a otros que están perdidos. Espera que en nuestro vecindario estemos alerta, por si hubiera alguien que nos necesita. Si reflexionamos un poco, estoy seguro de que podremos pensar en qué hacer para participar de la búsqueda más grande que jamás haya conocido el mundo.

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