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Lewis y Clark

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Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más. Apocalipsis 21:4.

Mi nombre es Charbonneau -dijo el hombre vestido con ropas de piel de venado al presentarse ante Meriwether Lewis y William Clark-. Soy trampero canadiense de ascendencia francesa. Los indios Mandan me hablaron de su expedición patrocinada por el gobierno de los Estados Unidos de América. Hace años que armo mis trampas en esta región y la conozco bien. Tal vez los pueda ayudar. Domino la mayoría de los dialectos de los indios de esta zona.

-¡Excelente! -dijo Lewis al extenderle la mano-. Bien podríamos necesitar un intérprete.

-Les presento a mi esposa Sacagawea -añadió Charbonneau, señalando a una joven india que tímidamente mecía un bebito de pie a un lado de donde estaban ellos-. Fue robada del pueblo Shoshone por una tribu hostil. La he comprado para hacerla mi esposa. Nos puede ayudar con la cocina en esta expedición.

-Puede ayudarnos en algo más que la cocina -respondió Clark. Dirigiéndose a Sacagawea, agregó:

-Escuché que los Shoshone tienen muchos caballos.

A Sacagawea se le iluminó el rostro cuando oyó hablar de su pueblo.

-Sí, señor -le respondió con entusiasmo-. ¡Tienen caballos muy hermosos!

-Queremos comprar caballos -continuó Lewis-. ¿Nos podrías guiar a tu aldea?

-Trataré -les prometió Sacagawea.

Con la llegada de la primavera, se adentraron en el yermo de las Montañas Rocallosas, guiados por Sacagawea, hasta llegar a su aldea. "¿Vivirán aún mis seres queridos?”, se preguntaba.

Cuando Sacagawea vio a cierto jefe Indio joven, lloró y corrió a su encuentro.

-¡Eres mi hermano! -le dijo mientras se colgaba de su cuello. ¡Qué hermosa reunión! ¡Qué gozo poder reunirse con la familia después de tantos años de separación!

Habrá muchos reencuentros de esta naturaleza en el cielo. Los niños que habían perdido a sus madres podrán reencontrarse con ellas. Esposas que habían perdido a sus esposos correrán para abrazarlos. Hermanos y hermanas se verán nuevamente. Abuelos y abuelas serán reincorporados al círculo familiar. ¡Sí, cuán grata será aquella reunión!

Los seres queridos no tendrán que separarse más. ¡Cristo mismo secará toda lágrima de los ojos llorosos!

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