Regresar

Roberto Edwin Peary

Play/Pause Stop
Las tentaciones que enfrentan en su vida no son distintas de las que otros atraviesan. Y Dios es fiel; no permitirá que la tentación sea mayor de lo que puedan soportar. Cuando sean tentados, él les mostrará una salida, para que puedan resistir. 1 Corintios 10:13.

Roberto E. Peary ciñó contra su cuerpo un poco más su abrigo en el intento de protegerse del viento penetrante que soplaba en el océano Ártico. La brisa congelada se le adhería al bigote estilo morsa e impregnaba mi abrigo esquimal y capucha forrados de piel. Se paró unos instantes asido de los barandales del buque de vapor Roosevelt, tratando de ver más allá de la neblina. Luego subió la escalera del puente de mando, donde Bob Bartlett, robusto capitán de un barco cazador de focas de Terranova, controlaba el tablero de mando.

¿Cómo va todo, Bob? -preguntó Peary.

Av. ii i/, indo bien, a pesar de la neblina -respondió-. Lo que me preocupa es qué sucederá cuando lleguemos al hielo.

¡Seguiremos adelante rompiendo lo que se nos ponga en frente! -le aseguró Peary-. Yo mismo diseñé esta nave. Sus costados miden diez metros y resistirán mucho castigo. Su casco, reforzado con hierro, cortará el hielo como con cuchillo.

-Espero que tenga razón, Peary -dijo Bartlett a la vez que sacudía la cabeza. -Personalmente, prefiero evitar por completo el hielo.

-Confía en mí le respondió Peary poniéndole la mano en el hombro-. Necesitamos un barco que pueda abrirse paso por los témpanos si queremos llegar al Polo Norte.

De pronto sintieron un golpe estremecedor, que los hizo tambalear. ¡Nos estrellamos contra un témpano! -gritó Bartlett, mientras maniobraba con premura para controlar el barco.

¡Adelante a todo vapor! -ordenó Peary.

Se escuchó un fuerte crujido; como que algo grande se rompía y trituraba, al mismo tiempo que el barco lentamente se abría paso en medio de las masas de hielo para continuar su camino al norte. Peary sonrió.

-¡Sabía que lo podía hacer! -dijo con aire de satisfacción-, ¡Yo construí este barco y sé lo que puede soportar!

Tu vida es como un barco. Aunque la neblina cubre lo que te espera adelante, no hay por qué temer a los témpanos que se te presenten en forma de tentaciones y pruebas. Dios conoce la estructura de tu barco. Él fue quien lo diseñó; por lo tanto, sabe bien cuánta presión puede soportar. No permitirá que te enfrentes a lo que no podrás resistir.

"Confía en mí -dice Dios-. Puedes resistir. ¡Te ayudaré a llegar a tu meta!”

Matutina para Android