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Edmundo Cartwright

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Me devuelven mal por bien y odio a cambio de mi amor. Salmo 109:5.

¡Fuego! ¡Fuego! ¡La fábrica de maquinarias para hilar está ardiendo! En pocos minutos, la mitad del pueblo de Mánchester, Inglaterra, se había agolpado para ver cómo el fuego consumía todos los ahorros de Edmundo Cartwright. Ni una sola persona hizo el intento de apagar el fuego. Nadie trató de salvar los telares.

-¡Qué bueno! -comentó uno de los observadores.

-¡Eso lo detendrá! -agregó otro.

Edmundo Cartwright no hizo sino ver cómo el fuego destruía los cuatrocientos telares que habían estado listos para ser entregados al dueño de una hilandería al día siguiente.

-Existen rumores de que los empleados de la hilandería prendieron fuego tu fábrica -le comentó a Cartwright el dueño de la fábrica-. Temían perder sus empleos si yo usaba tus máquinas para hilar.

-¿No se dan cuenta de que solo trataba de ayudarlos? -se lamentó Cartwright-. Soy su pastor. Los amo, y no me gusta verlos trabajar tanto tejiendo telas a mano. Inventé el telar para hacerles cómoda la vida. Habrían trabajado menos horas y ganado mucho más si hubieras instalado esas máquinas.

-¡De acuerdo! -asintió el dueño de la hilandería- Construye otra fábrica y haz más telares. Poco a poco se darán cuenta del beneficio que les reportará.

-Ojalá pudiera -suspiró el pastor Cartwright-, Se me acabó todo el dinero. Otra persona tendrá que construir los telares. Ya hice lo que pude.

Fue así como otra persona se adueñó de la idea de Cartwright y construyó los telares que él había inventado. Perdió la fortuna de su familia tratando de ayudar a otros, y no recibió nada a cambio. Aun así, hasta el fin de su vida continuó siendo un hombre feliz y bondadoso con los demás. Nunca trató de vengarse de los obreros de la fábrica ni de quienes usurparon su invento. Se regocijó al ver que la vida de los pobres mejoró mucho gracias a su invento, tal como lo había planeado y deseado.

Puede llegar el momento en que otros te paguen mal por bien. Confío en que los podrás seguir amando, como el pastor Cartwright siguió amando a sus feligreses. Al eliminar toda idea de venganza, te parecerás al Señor Jesús, quien fue muerto por aquellos a quienes había venido a salvar.

Febrero 09

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