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Roberto Fulton

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Rescátame del lodo, ¡no dejes que me hunda aún más! Sálvame de aquellos que me odian y sácame de estas aguas profundas. Salmo 69:14.

Los relámpagos iluminaban el cielo parisino. Fuertes ventarrones agitaban las aguas del río Sena, formando enormes olas que golpeaban el débil casco de un bote de 21 metros que estaba atado a uno de los muelles. Los negros nubarrones precipitaban enormes cantidades de agua dentro del bote recién construido.

Roberto Fulton se encontraba en la ribera, tembloroso e indefenso, a merced de la furia de la tormenta. Repentinamente, escuchó un fuerte rugido al partirse en dos el casco de la embarcación, y con pesar en su corazón vio hundirse bajo las olas varios meses de trabajo y sacrificio.

-¡Debo salvar el motor! -reaccionó Fulton mientras se quitaba rápidamente el abrigo para zambullirse en las heladas aguas del río.

Más y más se hundió hasta tocar el lodo suave y espeso en el fondo del agua. Conteniendo la respiración lo más que pudo, recorrió un buen tramo del fondo en búsqueda de su motor perdido. ¡No encontró nada!

Vez tras vez subió a tomar aire, solo para volver a sumergirse en las frías y oscuras aguas del Sena en busca de su preciosa carga. Tras doce largas y agotadoras horas, su mano tocó el frío metal del motor. Cuidadosamente lo amarró con una soga y lo arrastró hasta la orilla.

Tardó días en desarmar y limpiar minuciosamente cada pieza y compartimento del motor. Cuidadosamente lo limpió y pulió; engrasó y aceitó cada parte necesaria, hasta dejarlo como nuevo. Entonces emprendió la tarea de construir otro bote. Semanas más tarde, la muchedumbre lo aplaudía y vitoreaba desde la orilla del Sena, al tiempo que maniobraba su barco a vapor durante una hora en el gran río. Aunque Roberto Fulton construyó muchos barcos a vapor durante su vida, ninguno fue tan precioso para él como el primero, dado el enorme esfuerzo que dedicó para construirlo.

Muchas personas se parecen al primer barco a vapor de Roberto Fulton. Abatidas por las tormentas de la vida, se hunden en la profundidad del fango del pecado. No hay absolutamente nada que puedan hacer para salvarse a sí mismas. Pareciera que todo está perdido.

Entonces, sucede lo maravilloso. Su Creador se lanza a las oscuras aguas y los saca del lodo en el cual están atrapados. Con amor los limpia y los pule, hasta dejarlos como nuevos. Serán preciosos para él por la eternidad, debido al supremo esfuerzo realizado para salvarlos.

Febrero 10

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