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Elí Whitney

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Pedimos a Dios en oración que ustedes no hagan lo malo al rechazar nuestra corrección. Espero que no sea necesario demostrar nuestra autoridad cuando lleguemos. Hagan lo correcto antes de nuestra llegada, aun si eso hace que parezca que no hemos demostrado nuestra autoridad. 2 Corintios 13:7.

Mucho antes que Eli Whitney hubiese inventado la desmotadora de algodón, fue un niño a quien le gustaba tallar botes, silbatos y cucharas de madera. Su única herramienta era un cuchillo casero.

Cierta noche, en una reunión de vecinos organizada para despinochar maíz, un nuevo niño del vecindario, Moisés Hartley, sacó su navaja de bolsillo. -¿La quieres ver? -preguntó y se la arrojó a Eli.

Eli abrió la navaja. Pasó el dedo sobre la hoja y emitió un silbido de admiración.

-¡Está bien filosa! -murmuró.

Después de unos momentos, se la devolvió a su dueño. "¡Cómo me gustaría tener una como esa!”, pensó.

Después de la actividad de esa noche, al subirse al carretón para regresar a casa, vio algo brillante en el suelo. Se agachó para recogerlo.

-¡Es una navaja! -exclamó Eli-¿Cómo pudo haber llegado aquí? ¡Parece ser la navaja de Moisés!

-¡Eli, vámonos! -lo llamó el señor Whitney.

-Espera un momento, papá -contestó Eli-, Acabo de encontrar la navaja de bolsillo de Moisés. Enseguida regreso.

Eli corrió a la casa, pero Moisés ya se había ¡do.

El joven sostuvo la navaja en sus manos y jugó con ella durante el trayecto de regreso a casa. Esa noche durmió con ella bajo la almohada, a fin de asegurarla. A la mañana siguiente, se despertó emocionado. La sacó de debajo de la almohada, y la tocaba suavemente. ¡Oh, cuánto desearía que fuera suya!

"Podría quedarme con ella, y Moisés nunca lo sabría. NI soñarlo -pensó Eli-, Quedarme con la navaja sería lo mismo que robarla. En cuanto pueda, debo Ir a la casa de Moisés y regresársela".

Al día siguiente, el señor Whitney tuvo que efectuar ciertos negocios con los Hartley, y Eli aprovechó la oportunidad para ver a Moisés.

-¿Es tuya esta navaja? -le preguntó mientras le mostraba el reluciente objeto.

-¡Claro que sí! ¿Dónde la encontraste? -le preguntó Moisés.

-La encontré hace dos noches, cuando limpiábamos el maíz -le respondió. -Pensé que nunca más la vería -dijo Moisés moviendo su cabeza- Te podrías haber quedado con ella, y nunca me habría dado cuenta.

-Lo sé -sonrió Eli-, pero no podía quedarme con lo que no es mío. Además, prefiero tu amistad a tu cuchillo.

Febrero 11

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