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Cristóbal L. Sholes

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Consideró que era mejor sufrir por causa de Cristo que poseer los tesoros de Egipto, pues tenía la mirada puesta en la gran recompensa que recibiría. Hebreos 11:26.

Cristóbal Sholes, de catorce años de edad, abandonó la escuela y empezó a trabajar en una agencia de periódicos. Se inició como cajista componiendo moldes y fue ascendiendo hasta llegar a ser el jefe de prensas, reportero, y eventualmente editor de un periódico grande en Milwaukee, Wisconsin.

Un día, al entrar en la oficina, encontró que reinaba un extraño silencio. Muchos empleados estaban en huelga. Había demasiado trabajo, pero nadie dispuesto a hacerlo.

"Se puede confiar más en estas máquinas que en los hombres. Si solo tuviera una máquina tipográfica", pensaba Sholes al ver toda la maquinaria parada.

La idea de una máquina que pudiera tipografiar se fijó en su mente aun después de llegar a ser senador del Estado, administrador de correos y recaudador de impuestos de aduana. Mientras servía en su último cargo, tuvo éxito al construir una máquina de escribir. Un empresario de nombre Jaime Densmore se le asoció en este negocio. Su máquina tuvo tanto éxito, que la compañía Remington -la que fabricó su invento- decidió comprarle los derechos de patente.

Sholes no pudo resistir la tentación de obtener una recompensa inmediata por sus largos años de planificación y trabajo. Aceptó la mísera cantidad de 12 mil dólares en efectivo. Densmore, por su parte, prefirió recibir una pequeña compensación por cada máquina vendida. Esperó mucho más para ser recompensado, pero en el curso de su vida percibió más de 1,5 millones de dólares. ¿Quién hizo la mejor elección?

Moisés tuvo que enfrentar una situación similar. Pudo haber disfrutado de riquezas y fama temporales, en su calidad de Faraón en Egipto. Junto con eso, iba a disfrutar del placer y de las posesiones más deseables. Pero en pocos años hubiera muerto y allí habrían terminado sus días. En lugar de ello, escogió sufrir con el pueblo de Dios en el presente, vislumbrando en el futuro una recompensa eterna.

Pensándolo bien, ¿qué son unos cuantos años de placer en esta vida, si eso fuera todo lo que hubiese por delante? Satanás te ofrece una gran recompensa instantánea, pero ten cuidado: es pura ilusión, pronto se acaba. ¿Y luego qué?

Compara esa realidad con la promesa de poseer las mansiones celestiales, el gozo y la vida eternos. Piénsalo bien, y espera.

Febrero 18

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