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Wilbur y Orville Wright

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Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso. Mateo 11:28.

El viento soplaba a 40 km por hora y levantaba arena en torno a los siete hombres reunidos alrededor de una máquina voladora en la playa de Kitty Hawk, Carolina del Norte, aquella mañana memorable del 17 de diciembre de 1903. Por encima del silbido del viento, se escuchaba cómo las olas rompían en la playa y el grito de las gaviotas.

-Es tu turno, Wilbur -le dijo Orville a su hermano.

Una ráfaga de viento le quitó la gorra a Wilbur, y tras acomodársela de nuevo, respiró profundo y se trepó al avión descubierto. Acostado boca abajo, tomó los alambres con los cuales controlaría el aparato.

-¡Estoy listo! -gritó Wilbur por encima del hombro-, ¡Enciendan el motor!

El motorcito de gasolina de cuatro cilindros dio vuelta, quiso fallar, pero al fin encendió bien. El avión se sacudió y comenzó a moverse lentamente por la pista. Orville corría junto al avión con el abrigo abierto. El avión aumentó de velocidad y pronto se elevó en el aire.

-¡Allá va! -gritó uno de los hombres en medio del rugido del motor-, ¡Realmente vuela!

-¡Es lo más sorprendente que jamás haya visto! -dijo otro-. Cuando menos lo pienses, el hombre volará mejor que los pájaros.

Luego de permanecer 59 segundos en el aire, el aparato se estrelló contra una duna de arena. Había avanzado más de 270 metros. ¡Por primera vez en la historia, el hombre había volado!

El poder remontarse como las aves había sido el sueño del ser humano durante siglos. El rey David dijo cierta vez: “Si tan solo tuviera alas como una paloma, ¡me iría volando y descansaría!" (Sal. 55:6). ¿Has deseado alguna vez tener alas para volar lejos de todas las molestias y preocupaciones de esta vida?

Gracias a Wilbur y Orville Wright, quienes inventaron el aeroplano, podemos volar prácticamente a cualquier parte que queramos. Sin embargo, el huir de los problemas no los elimina. Los problemas nos acompañan aun en el mismo avión, puesto que no podemos escapar de nosotros mismos.

¿Tienes algún problema? Cristo Jesús nos dice que el huir de ellos no es la solución; pero él sí lo es. Él te puede otorgar descanso y paz allí donde te encuentras, sin necesidad de buscarlos en otra parte.

Febrero 22

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