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Hammurabi

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Pero la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta palabra es el mensaje de la Buena Noticia que se les ha predicado. 1 Pedro 1:25.

Haga un gran pilar de piedra -ordenó el rey Hammurabi a su escultor principal- Debe ser lo suficientemente grande como para escribir en él todas las leyes de Babilonia.

-¿Cuántas leyes hay, su excelencia? -preguntó el artesano.

-Doscientas ochenta y dos -respondió el monarca solemnemente-. He recorrido el reino entero, para rescatar todas las leyes antiguas. Las he corregido y reemplazado por nuevas cuando ha sido necesario. Me he asegurado de que los fuertes no opriman a los débiles.

-Haré lo que usted me pide -asintió el cantero.

Después de trabajar varias semanas grabando los caracteres cuneiformes en la piedra con su cincel, el artista regresó al palacio.

-Está listo el pilar. ¿Dónde desea que lo coloque?

-Póngalo en el centro de Babilonia -le indicó Hammurabi-, No quiero que nadie ignore las leyes de la tierra.

Muchos años duró el magnífico pilar de piedra, que medía 2,35 m de altura, ubicado en el lugar más prominente de Babilonia. Diariamente acudían visitantes y se congregaban alrededor de su base para contemplar el bajorrelieve de Hammurabi, cuya autoridad la recibía de Shamash, dios de la justicia. Debajo del grabado, se hallaban inscritas las leyes contra la mentira y la brujería, leyes con respecto al servicio militar, adquisición de tierras y negocios, familia, tarifas, salarios, comercio, préstamos y deudas.

Cierto día, el rey elamita invadió Babilonia y se llevó el gigantesco pilar como trofeo de guerra. Lo condujo hasta Susa, Irán, donde permaneció enterrado en la arena por más de cuatro mil años. En 1901 un turista caminaba por el lugar, y al ver un extraño montículo de arena se preguntó qué podría ser aquello.

Actualmente, el pilar de piedra de Hammurabi se encuentra en el museo de Louvre en París, como testimonio indeleble de un gran reino y un notable legislador que ya no existen. Nadie se preocupa por cumplir esas leyes grabadas en piedra, puesto que su legislador murió hace mucho tiempo y su reino se ha extinguido.

Aproximadamente en la misma época, se grabó otra lista de estatutos en dos piedras más pequeñas sobre el Monte Sinaí. Esas leyes, los Diez Mandamientos, siguen vigentes hoy, ya que el Legislador, Jesucristo, vive aún y su Reino es para siempre.

Marzo 01

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