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Cleopatra Parte 1

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Además el reino del cielo es como un comerciante en busca de perlas de primera calidad. Mateo 13:45.

Marco Antonio y sus generales quedaron atónitos cuando entraron en la carpa de banquetes de Cleopatra, reina de Egipto. La magnificencia del lugar los deslumbró. Los invitados descansaban sobre sillones adornados con púrpura y oro. La vajilla era de oro puro engastada con joyas preciosas. Los sirvientes abanicaban a los invitados con plumas de avestruces mientras los músicos tocaban sus flautas y liras. Cortinas de seda entretejidas con oro mantenían fresco el ambiente.

-MI querida Cleopatra -dijo el emperador romano inclinándose ante la adorable reina-, ¡esto es fantástico! ¡Nunca en mi vida había asistido a un banquete tan espléndido como este! ¡No te hubieras tomado tanta molestia!

-Son meras bagatelas -le respondió Cleopatra mientras se encogía de hombros-. Llévate esta vajilla de oro como un regalo mío, si te gusta.

-¿Gustarme? ¡Es hermosa! -la alabó Marco Antonio-, Pero realmente eres demasiado extravagante.

-Esto no es nada comparado con la cena de mañana -alardeó la reina-. Solo la comida costará 10 mil sestercios (equivalente a 300 mil dólares). -¡Imposible!

A la noche siguiente, Cleopatra llevaba puestos dos pendientes de perlas, las más grandes del mundo de aquel entonces. Cada perla valía 222 mil dólares. Se los quitó y llamó a uno de los sirvientes, quien puso en su mesa un vaso con vinagre. Dejó caer una de las perlas en el vaso y observó cómo se disolvía; luego bebió el contenido del vaso, ante el asombro de los presentes. Antes de que sacrificara la otra perla, uno de los generales se la arrebató.

Perlas parecidas debieron haber sido aquellas a las cuales se refirió Jesús cuando expuso la parábola del mercader que encontró la "perla de gran precio” y vendió todo lo que tenía para comprarla.

Si Cristo es el Mercader celestial que vino a este mundo en busca de buenas perlas, entonces, ¿quién crees que es la perla de gran precio? ¡Es la persona que está dentro de tus ropas! ¡Tienes un valor incalculable! Jesús te amó tanto, que dio su vida por ti. Si hubieras sido la única persona que hubiese pecado, igualmente habría muerto por ti. Eres más precioso para él que las perlas de Cleopatra. ¡Eres la perla de gran precio!

Febrero 07

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