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Carlomagno

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El orgullo va delante de la destrucción, y la arrogancia antes de la caída. Proverbios 16:18.

Este cuerno perteneció a mi abuelo, Carlos Martel -dijo Carlomagno al poner un cuerno de marfil en las manos de Rolando, el caballero más valeroso de su ejército.

Rolando examinaba el viejo cuerno al revés y al derecho, acariciándolo con reverencia.

-¿Me permites soplarlo? -solicitó a Carlomagno.

-Sóplalo, si puedes. Nadie ha tenido la fuerza suficiente para arrancarle un solo sonido desde que lo hizo mi abuelo.

Rolando acercó el cuerno a sus labios cuidadosamente, inspiró profundamente y sopló produciendo un sonido tan fuerte, que el rey tuvo que cubrirse los oídos.

-El cuerno de marfil es tuyo -le dijo Carlomagno-. Si alguna vez te encuentras en dificultades, sopla el cuerno y acudiré a salvarte.

Los años siguientes, el famoso cuerno acompañó a Rolando en un sinnúmero de batallas y nunca tuvo que usarlo. Se sentía orgulloso de poder pelear sus propias batallas sin la ayuda del rey.

Por fin llegó el día de la gran prueba. Rolando tenía bajo su mando la retaguardia de las tropas de Carlomagno mientras cruzaban los Montes Pirineos. De pronto, mil sarracenos rodearon a Rolando y sus cien caballeros. -¡Sopla tu cuerno! -le suplicó su amigo Oliverio.

-¡De ninguna manera! -respondió el orgulloso Rolando-. ¡Puedo arreglármelas solo!

Cuando dio la orden, los cien caballeros se lanzaron al ataque con espadas en mano. Aunque pelearon heroicamente, las fuerzas de los sarracenos superaron a las suyas. Al ver que la mitad de sus hombres ya habían caído, sopló con renuencia su cuerno de marfil.

El sonido del cuerno se dejó escuchar a través de la montaña hasta el lugar donde Carlomagno avanzaba con su ejército. Al reconocer el sonido del cuerno, de inmediato retrocedió con su caballo y ordenó al ejército regresar al lugar por donde habían cruzado la montaña. Llegó muy tarde. Encontró a Rolando entre los muertos, todavía con su cuerno de marfil en la mano.

Cuán a menudo tú y yo somos como Rolando, demasiado orgullosos para admitir que necesitamos ayuda. Peleamos inútilmente la batalla contra el pecado y perdemos, cuando realmente podríamos vencer con la ayuda de Cristo. La oración, nuestro cuerno de marfil, está en nuestras manos. ¡Usémosla antes de que sea demasiado tarde!

Marzo 10

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