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Alfredo el Grande

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¡Mira! Yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y abres la puerta, yo entraré y cenaremos juntos como amigos. Apocalipsis 3:20.

Soplaba un viento gélido procedente del norte alrededor de la humilde cabaña de un vaquero en el suroeste de Inglaterra. El hombre, tiritando de frío, puso otro leño en el fuego. Su esposa miró la olla de guisado que hervía.

-¿Qué fue ese ruido? -le preguntó a su marido.

-Es el viento que golpea el postigo de la ventana.

-No, ahí está otra vez. Alguien toca a la puerta.

Secándose las manos en la falda, se dirigió apresuradamente a la puerta y levantó la mirilla. Afuera se encontraba un extraño harapiento.

-Pase. Debe estar muriéndose de frío allá afuera -invitó.

-Soy uno de los hombres del rey Alfredo -les explicó el extraño mientras se calentaba las manos cerca del fuego- Voy de regreso a casa después de combatir contra los daneses, pero me siento demasiado débil para continuar. ¿Podría descansar aquí uno o dos días?

-Claro que sí -le respondió el vaquero-. Puede permanecer el tiempo que quiera.

La esposa del vaquero frunció el ceño, consciente de que tendría más trabajo. Después de varios días, y cansada de atender al extraño, pensó que ya era suficiente. Aquel forastero se veía lo suficientemente fuerte como para continuar su viaje; pero ahí se quedaba, sentado todo el día mirando el fuego.

-SI todo lo que va a hacer es quedarse allí sentado, mirando el fuego todo el día, ¿por qué no me cuida estos panes de avena mientras salgo a realizar algunos quehaceres? -le dijo impacientemente.

El extraño asintió con la cabeza y siguió mirando el fuego.

Una hora más tarde regresó y encontró al extraño en la misma posición, mirando el fuego... y sus panes quemados.

-¡Qué inútil eres! -le gritó la esposa del vaquero- Te comes los panes con muchas ganas, pero eres incapaz de cuidar que no se quemen ¿Quién te has creído? ¿El rey?

¿Cómo crees que se sintió la señora cuando supo que en realidad era el rey a quien había tratado tan rudamente? El rey Alfredo de Wessex se había sentado junto a su fogata ese invierno de 877, y lo había tratado como a un limosnero.

Hay un extraño que toca a la puerta de tu corazón hoy. Quiere sentarse muy cerca de tu fogata. ¿Le permitirás entrar? ¿Le rendirás el honor que merece?

Marzo 11

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