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Filipa

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Dios bendice a los compasivos, porque serán tratados con compasión. Mateo 5:7.

Unos días después de la batalla de Crecy, el rey Eduardo dirigió su ejército hacia las puertas de Calais. Decidió sitiar el lugar hasta que el pueblo se rindiera a causa del hambre. El sitio duró un año, hasta que se agotaron los víveres de la ciudad y la gente se vio obligada a comerse los perros y las ratas.

Al fin, el gobernador de Calais izó la bandera blanca en señal de entrega, envió un mensaje al rey Eduardo para que tomara el pueblo y suplicó que dejara ir libre a la gente.

-¡No! -rugió el rey airado-. Nos han hecho esperar más de un año. Cada hombre, mujer y niño debe morir.

-¿Cómo puede hacer algo tan cruel? -replicó Sir Walter Manny, uno de los caballeros más valientes.

-Entonces, que me envíen a seis de los hombres más importantes del pueblo: descalzos, con la cabeza descubierta y una soga alrededor del cuello, trayendo las llaves de Calais. Mataré a esos seis y los demás quedarán en libertad.

Pronto la orden real llegó a oídos del pueblo.

-Es mejor que mueran seis y que todos los demás se salven -dijo Eustacio, uno de los mercaderes más ricos del pueblo- Iré con gusto -añadió.

De inmediato, cinco hombres más se le unieron.

-¡Ahórquenlos! -ordenó el rey Eduardo cuando los seis hombres temblorosos se inclinaron ante él- ¡Quiero que este pueblo rebelde sea testigo del castigo que merecen los que se oponen a Eduardo!

-¡Esperen! -dijo la reina Filipa-, Si me amas, concédeme esta petición: ¡ten misericordia de estos seis hombres de Calais!

-¡Habría deseado, mi buena dama, que estuvieras en cualquier otra parte! -le respondió el rey-. Pero por el amor que te tengo, no te puedo negar esta petición. Toma a los hombres, y haz de ellos lo que te plazca.

La reina Filipa guio a los hombres a las carpas, donde los alimentó, los vistió con ropas nuevas y los envió de regreso a Calais con las manos llenas de alimento para el pueblo hambriento. Ese día hubo gran regocijo y alegría, tanto en la ciudad de Calais como en el campamento del rey Eduardo, por causa de la misericordia que demostró la reina Filipa.

A veces, los sufrimientos que experimentamos son provocados por nosotros mismos, pero aun en estas circunstancias los misericordiosos no nos lo echan en cara a cada instante. Ellos son como la reina Filipa, que buscan la manera de ser compasivos con los demás. Si tienes la oportunidad de mostrar misericordia hoy, muéstrala. Te sorprenderás con lo bien que te hará sentir.

Marzo 17

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