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Iván el Terrible

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Pero si confesamos nuestros pecados a Dios, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. 1 Juan 1:9.

Su solicitud de unirse a nuestra orden religiosa es sumamente extraña -declaró el anciano ermitaño sacudiendo la cabeza- ¿Está seguro de que realmente lo quiere hacer? La vida aquí será sumamente difícil para usted, comparada con los lujos de su palacio. No podremos hacer ninguna excepción a los estrictos reglamentos de pobreza y silencio. Además, no tendrá comunicación alguna con su familia ni con el mundo exterior.

-Pero es eso exactamente lo que busco -explicó Iván-, No soy digno de ser el gobernante de Rusia. Mis pecados son más pesados de lo que puedo soportar. Tal vez aquí pueda encontrar alivio para mi conciencia torturada. -¿Ah, sí? -el ermitaño elevó las cejas y esperó que continuara. -Seguramente habrá escuchado que fue mi orden la responsable por la muerte de todos los habitantes de Novgorod.

-Sí -asintió con la cabeza el anciano-. Continúe...

-He tratado a todos con suma crueldad. También di la orden de muerte para una autoridad importante de la iglesia en Moscú. Él no merecía morir. -Sí, ya me había enterado. ¿Algo más?

Para entonces Iván había comenzado a llorar, y sus sollozos provenían de lo profundo del alma.

-Yo... ¡yo golpeé a mi propio hijo en un arrebato de ira y lo maté! ¡Oh, soy el más vil y miserable de todos los hombres! He buscado el perdón y la paz por todas partes, pero no los encuentro. Dios me ha abandonado. ¿Habrá alguna esperanza para mí?

Si hubieras sido el ermitaño que hablaba con Iván el Terrible ese día de marzo de 1584, en aquel monasterio de Rusia, ¿qué le habrías respondido?

¿Realmente había desamparado Dios a Iván el Terrible? ¿Eran sus pecados tan terribles como para que Dios no lo perdonara? ¿Puede Dios perdonar a un hombre que haya matado a su propio hijo? ¿Habrá esperanza para alguien tan impío y cruel como Iván? Piensa en aquel ladrón de la cruz. ¿Recuerdas al rey David? Lee su oración registrada en el salmo 51.

Ahora medita un poco sobre ti mismo. Piensa en tu pasado. Trata de recordar lo peor que hayas hecho. Quizás una mentira o un robo, o tal vez le hayas pegado a alguien. ¿Serán las drogas o algún acto inmoral? ¿Estará Dios dispuesto a perdonarte? La respuesta se encuentra en 1 Juan 1:9.

Marzo 23

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