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"¿QUÉ ES LO QUE USTED VE?"

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“Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna" (Hechos 13:48).

Jorge navegaba su propio velero pequeño con Mirta, su esposa. Su sueño era navegar el Río de la Plata y el Océano Atlántico para llegar al famoso puerto de Punta del Este, Uruguay. Había planificado entrar en el puerto ese mediodía, en un horario de buena visibilidad. Unas seis horas antes del arribo se desató una fuerte tormenta, con vientos de frente y olas que alcanzaban los seis metros. Era su primer viaje en el océano. No tenía GPS, solo contaba con una carta náutica. Ya era casi medianoche, la visibilidad era casi nula, y la incertidumbre y el peligro iban en aumento.

En cada puerto se señaliza el canal de acceso con boyas luminosas verdes que se dejan ver a la derecha (estribor), y boyas con luces rojas que se dejan ver a la izquierda de la embarcación (babor). Las luces de la ciudad lo confundían. Se conectó con la torre de control con un grito desesperado: “Aquí, embarcación... ¡Por favor! ¡Ayuda!” Recibió una clara respuesta: “¿Qué es lo que usted ve?" Ante las respuestas del navegante, el operario de la torre respondió: “Tranquilo, lo llevaremos al puerto”. Y así, guiado, pudo dejar atrás los peligros de la noche y la tormenta, y arribar con seguridad al muelle.

Pablo tenía limitaciones en su visión física, pero sus ojos espirituales y misioneros ya habían sido abiertos por el Señor. Cuando muchos judíos rechazaron el mensaje de Pablo porque no se consideraban dignos de la vida eterna, los gentiles fueron alcanzados por la predicación. Entonces él aceptó el mandato del Señor de ser luz para los gentiles, a fin de que la salvación pudiera llegar hasta lo último de la Tierra, porque para Dios no hay últimos de la fila. Cuando estos oyeron, se regocijaron y celebraron la Palabra de Dios. Sus vidas oscuras encontraron luz, sus ojos cerrados fueron abiertos. Escucharon, aceptaron, practicaron y compartieron la Palabra.

Como Jorge y como Pablo, nosotros también navegamos en una noche oscura y tormentosa. Las luces de la ciudad pueden parecer encantadoras, pero nos confunden y distraen. Nuestra única salvaguardia es llegar al Puerto seguro. “¿Qué es lo que usted ve?” Solo hay un canal de acceso al Puerto. La voz de la torre de control es amorosa, clara y poderosa. Las luces de la Escritura marcan el sendero. Necesitamos humildad para escuchar y seguir las orientaciones.

"Solo los que hayan fortalecido su espíritu con las verdades de la Biblia podrán resistir en el último gran conflicto” (Elena de White, Consejos para la iglesia, p. 76).

Abre la Biblia y escucha la voz de Dios. Él te dice: “Tranquilo, te llevaré al Puerto”.

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