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FELICES EN LAS PRUEBAS

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“Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza” (Romanos 5:3).

¿Cómo es posible alegrarse en las tribulaciones? La palabra tribulación viene de “tribul”, que era un pedazo de madera utilizado para golpear y separar el pasto de la paja. Así, se separaba la paja, que era más liviana. Los golpes de la vida nos dejan presionados, acongojados, afligidos y aplastados. Es decir, atribulados.

Ni Pablo ni el Señor han prometido a los creyentes que estarían libres de problemas. No promete la Biblia librarnos del horno de fuego, pero sí que Alguien estará a nuestro lado y utilizará ese sufrimiento para fortalecer nuestra fe, perfeccionar nuestro carácter y llevarnos a testificar del poder de Dios. No tenemos que provocar el sufrimiento ni buscarlo, como si eso nos agregara méritos. Dios no es el originador del dolor; solo lo permite y lo encauza siempre con un propósito de eternidad.

Quizá ningún otro seguidor de Cristo haya sufrido tanto por causa del evangelio como Pablo. Él sabía por experiencia propia lo que la tribulación produce: lleva a la paciencia, la resistencia y la perseverancia.

El hombre pecador ve en el sufrimiento a un Dios indiferente, distante y castigador. No percibe el propósito escondido. Cristo enfrentó el dolor y la injusticia con valor y entereza. El hijo de Dios, justificado por su gracia, se regocija en la adversidad porque ve en ella una oportunidad de crecimiento, de mayor dependencia y de dar testimonio. Las pruebas y las aflicciones que son soportadas con paciencia muestran que nuestra fe y nuestro carácter son genuinos. La fe se hace más fuerte; y la esperanza, más firme.

Bien decía el sabio Salomón que el oro se purifica en el fuego (Prov. 17:3); así como nosotros en el sufrimiento, si corregimos la conducta y ponemos nuestra confianza en el Señor. Un antiguo refrán dice: “No todo lo que brilla es oro”. ¡Cuidado con guiarnos por las apariencias, ya que no todo lo que parece bueno o valioso es tal! El color o el brillo no aseguran que sea oro. En contraste, existe el oropel, una lámina de cobre o latón que suele utilizarse para aparentar oro.

El fuego purifica y pone a prueba nuestra fe. Ahora bien, cuando somos probados, ¿somos también aprobados?

Señor, ayúdame a no brillar como el oropel, que parece oro pero que no lo es, sino como el oro auténtico. Que tus propósitos se cumplan en mí y que cuando mi fe sea probada, por tu gracia, sea aprobada.

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