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UNA LUZ POR LA VENTANA

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“Por lo tanto, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación" (Romanos 14:19).

En Romanos 14, Pablo presenta a los que viven y conviven, con sus fortalezas y debilidades, creciendo en la fe y en la madurez cristianas.

Plantea consejos y enseñanzas prácticos y claros. De este modo, coloca a los creyentes que tienen más experiencia en la fe y, por lo tanto, son más fuertes, en un nivel mayor de responsabilidad respecto de aquellos nuevos o débiles en la fe. Los creyentes no deben despreciar ni condenarse unos a otros, no deben ser jueces de los demás ni inducirlos al error. Tienen que ayudarse a madurar y crecer; aun cuando no puede eludirse ni reemplazarse la responsabilidad individual. Cada uno debe tener su propia convicción a la luz de la Palabra de Dios.

Pablo destaca también, en este capítulo, la rendición personal de cuentas frente al Tribunal divino, asegurando que todo lo que no proviene de la fe es pecado. Esto diferencia con claridad lo correcto, que depende de la voluntad de Dios, de lo incorrecto, independiente de su voluntad.

Cierta vez preguntaron a una niña qué era la conciencia. Esto respondió: “Es algo que tengo adentro que me dice que lo que está haciendo mi hermanito está mal”. Más allá de la inocencia infantil, no son pocos los que piensan que “toda voz que proviene de la conciencia” es correcta. En verdad, la conciencia debe ser entrenada, no puede cada uno ser su propio modelo ni parámetro de lo correcto.

Si cada uno define la cantidad de centímetros que hay en un metro, ¿cuántos metros tendríamos? Es necesario someter la conciencia a la voluntad perfecta de Dios, para que él sea la referencia infalible.

Warren Wiersbe (escritor y profesor de Teología) decía que a la conciencia se le puede comparar con una ventana que permite que entre la luz del conocimiento y la verdad de Dios. Si persistimos en nuestra idea personal, la ventana se ensucia y la luz ya no entra. Pablo dice a Tito que la conciencia puede corromperse; a Timoteo, que puede cauterizarse; a los hebreos, que podemos tener una mala conciencia.

La conciencia depende del conocimiento y de la luz que entra por la "ventana". Conforme el creyente estudia la Palabra de Dios, entiende mejor la voluntad de Dios, y su conciencia se vuelve más sensible al bien y al mal. Lutero ató su conciencia a la Palabra de Dios.

Una "buena conciencia” trae paz, fortaleza, valor y seguridad. Guía, Señor, diariamente mi conciencia conforme al GPS de tu Palabra, para que mi vida navegue firme hacia el puerto seguro.

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