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¿ESPECTADORES O ESPECTÁCULO?

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“Porque, según pienso, Dios nos ha puesto a nosotros los apóstoles en el último lugar, como a sentenciados a muerte. ¡Hemos llegado a ser un espectáculo para el mundo, para los ángeles y para los hombres!" (1 Corintios 4:9).

Un espectáculo es una representación, función o exhibición pública con el fin de entretener. También se refiere a lo que causa escándalo, asombro o admiración. Pablo dice que, a ellos, los apóstoles, Dios los había puesto en el último lugar y llegaron a ser espectáculo, para el mundo, los ángeles y los hombres. Al escribir, él tenía en mente la figura del gladiador romano, derrotado en la arena del Coliseo y condenado a una muerte segura. Estos eran dejados desnudos para el gran final, con fieras incluidas. Era el "espectáculo” mayor. El mundo, los hombres y aun los ángeles contemplaban con asombro.

Pablo se defiende frente a la iglesia usando la ironía: “según la sabiduría de Cristo” y “la locura del evangelio”. Nosotros somos “insensatos, débiles y despreciados” y ellos, según la sabiduría y la cordura del mundo, eran "prudentes, fuertes y honorables” (1 Cor. 4:10). Así, resume este presente de hambre, sed, malas vestiduras, heridas, fatigas y maltratos. Concluye que llegaron a ser “como la escoria del mundo, el desecho de todos" (1 Cor. 4:13). Nada les importaba perderlo todo, con tal de ganar a Cristo y almas para él.

Hoy vivimos en un gran Coliseo, frente al último espectáculo. El creyente muchas veces es mal considerado, expuesto al ridículo por su fe y su fidelidad. En este escenario se libra la batalla final entre el bien y el mal, la justicia y la injusticia, la verdad y el error, el Reino de los cielos y el reino de la Tierra.

¿Somos nosotros realmente un espectáculo que llama la atención y que atrae? ¿Lo somos para entretenimiento o para crecimiento? ¿Para condenación o para salvación? ¿Para pasar un momento o para preparar para lo eterno?

Necesitamos estudiar, entender y vivir en consonancia con los tiempos finales de la historia, y estar listos para las luchas finales del gran día de Dios.

“Los que se colocan bajo el control de Dios para ser guiados y dirigidos por él captarán la marcha firme de los sucesos que él ordenó. Inspirados por el Espíritu de aquel que dio su vida por la vida del mundo, no continuarán inactivos en la impotencia, señalando lo que no pueden hacer. Colocándose la armadura del Cielo, avanzarán hacia la batalla deseosos de hacer cosas osadas en favor de Dios, sabiendo que la omnipotencia divina suplirá su necesidad” (Elena de White, ¡Maranatha, el Señor viene!, p. 159).

Nuestro tiempo como espectadores terminó delante de los hombres, los ángeles y el mundo. Seamos espectáculo de salvación para todos.

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