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CONFORME AL PLAN ORIGINAL

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“Tenga cada uno su propia mujer, y tenga cada una su propio marido" (1 Corintios 7:2).

En 1 Corintios 7, el apóstol Pablo presenta el matrimonio como una protección contra la fornicación. Así, defiende y argumenta con consistencia que la alianza matrimonial no debe ser deshecha y que no debe haber separación. Ante la posible separación, el apóstol pregunta: “¿Qué sabes tú, mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, marido, si quizá harás salva a tu mujer?” (1 Cor. 7:16).

En cuanto a las relaciones, el apóstol presenta razones para preferir la castidad y para una vida de soltero/a: él dice que los tiempos difíciles son una buena razón para quedarse solo. Convengamos que la vida extremadamente difícil que Pablo llevaba habría complicado mucho su posible matrimonio.

Al final de su carta, Pablo presenta motivos para casarse o quedarse soltero. Él no está prescribiendo un determinado estado civil en detrimento de otro. Lo que hace es advertir a las personas en cuanto a las relaciones en tiempos difíciles.

El otro tema presente en este capítulo es el de la circuncisión. Ni el cumplimiento del rito judío de la circuncisión ni el dejar de hacerlo podía afectar la relación individual con Dios por medio de la fe en Jesús. Pablo enfatiza que las ceremonias y las observancias exteriores no tienen valor sin la fe en Cristo. El cristiano convertido es aceptado por Dios no por medio de alguna obra que pueda realizar, sino por la fe en la obra realizada por Cristo en la Cruz en su favor.

De este modo, el autor de esta epístola parte de la premisa bíblica de que Dios es el autor del matrimonio, y que lo establecido por Dios es la unión de un hombre y una mujer, en una relación de amor y fidelidad. El matrimonio fue creado por Dios con cuatro propósitos específicos:

1-Compañerismo: “No es bueno que el hombre esté solo" (Gén. 2:18).

2-Desarrollo del amor: “Es carne de (tu] carne" (Gén. 2:23).

3-Mejoramiento de la personalidad: “Y serán una sola carne” (Gén. 2:24).

4-Procreación: “Y los bendijo Dios, y les dijo creced y multiplicaos, llenad la tierra (Gén. 1:28).

El enemigo ataca la familia como institución creada y establecida por Dios. Por eso, tenemos que fortalecer la oración y la vigilancia.

"No estáis seguros un momento contra los ataques de Satanás. No tenéis tiempo para descansar de la labor vigilante y ferviente. No debéis dormir un momento en vuestro puesto. Esta es una contienda importantísima. Están implicadas consecuencias eternas. Se trata de vida o muerte para vosotros y vuestra familia" (Elena de White, Conducción del niño, p. 171).

Señor, resguarda, rescata y restaura a mi familia.

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