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¿APARENTE O EVIDENTE?

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“La circuncisión nada significa, y la incircuncisión nada significa; lo que importa es guardar los mandamientos de Dios” (1 Corintios 7:19).

¿Qué es lo que nos hace cristianos? ¿Una marca en nuestro cuerpo? En los días de Pablo, el judío era circuncidado; y el gentil, no. La discusión instalada era si necesitaban los gentiles circuncidarse para llegar a ser cristianos.

La circuncisión era considerada una marca física de distinción para los judíos. Para algunos, esta era una marca que debía ser observada siempre, mientras que para otros no era obligatoria. La circuncisión era un rito de iniciación en la fe. En el Nuevo Testamento, el bautismo reemplazó la circuncisión, también como compromiso de iniciación y aceptación del Señor.

Pablo dice que de nada sirve hacerlo o no hacerlo. Esas formas tienen que estar acompañadas de entrega y compromiso. De nada sirve tener una cruz como amuleto, arrodillarme para orar sin postrar el corazón ni bautizarme sin comprometerme a vivir diariamente con Jesús.

¿Somos cristianos aparentes o evidentes? Las paradojas de nuestro tiempo fueron expresadas por el actor y comediante George Carlin:

“Tenemos edificios más altos y temperamentos más reducidos; carreteras más anchas y puntos de vista más estrechos. Gastamos más, pero tenemos menos; compramos más, pero disfrutamos menos. Tenemos casas más grandes y familias más chicas. Mayores comodidades y menos tiempo. Tenemos más grados académicos, pero menos sentido común; mayor conocimiento, pero menor capacidad de juicio; más expertos, pero más problemas; mejor medicina, pero menor bienestar. Nos enojamos demasiado y oramos muy rara vez.

“Hemos multiplicado nuestras posesiones, pero reducido nuestros valores. Hemos aprendido a ganarnos la vida, pero no a vivir. Añadimos años a nuestras vidas, no vida a nuestros años. Hemos logrado ir y volver del espacio, pero se nos dificulta cruzar la calle para conocer a un nuevo vecino. Conquistamos el espacio exterior, pero no el interior.

“Hemos limpiado el aire, pero contaminamos nuestra alma. Conquistamos el átomo, pero no nuestros prejuicios. Escribimos más, pero aprendemos menos. Hemos aprendido a apresurarnos, pero no a esperar. Producimos computadoras que pueden procesar mayor información, pero nos comunicamos cada vez menos. Estos son tiempos de comidas rápidas y digestión lenta; de hombres de gran talla y cortos de carácter; de casas más lujosas, pero hogares rotos. Son tiempos de viajes rápidos, pañales desechables, moral descartable y píldoras que hacen todo, desde alegrar y apaciguar, hasta matar”.

Qué paradójico que nos esforcemos por el parecer, y no por el ser. Fortalece tu relación de fe y obediencia con Jesús, ahora y siempre.

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