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PICHANTAÑANI CATUÑANI

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“Para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para quien nosotros existimos; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual han sido creadas todas las cosas y por quien nosotros también existimos” (1 Corintios 8:6).

Pablo dice que, para nosotros, los creyentes, solo hay un Dios. Eso contrasta con los miles de dioses de los paganos. Estos son falsos o inexistentes. El nuestro es verdadero y eterno. Este Dios creó todas las cosas, incluso la vida, que además sostiene, mantiene y protege.

A diferencia de los otros dioses inexistentes cuya ira hay que aplacar, o conquistar su favor, el nuestro se presenta como Padre, lo cual hace el vínculo más estrecho. No se relaciona solo como Creador-criatura, Adorado-adorador, Sostenedor-sostenido, Protector-protegido; sino también en una relación de Padre-hijo.

Un Padre que todo lo puede, que está en todo lugar, que todo lo sabe, que ama, que se compadece y que es amigo cercano. Los paganos decían que había muchos dioses; para los cristianos, uno solo. Por medio del Hijo todas las cosas fueron creadas, y en su sacrificio somos redimidos. Creados, salvados y adoptados. Los muchos no pueden nada; él es el único que lo puede todo. En el Nuevo Testamento, este Padre es el “Padre celestial”; Pablo dice que para nosotros es nuestro Padre.

El pastor Fernando Stahl y familia, dedicados pioneros y misioneros en Bolivia y Perú, llegaron a Queñoani, Perú, cerca de la frontera con Bolivia. Cierto día, un ejército de unos quinientos hombres, armados con látigos, piedras y garrotes, instigados por dirigentes religiosos y autoridades, atacaron la choza donde estaban los misioneros. Fueron incitados a matar con la promesa de que sería un honor terminar con los herejes, y que no sufrirían ninguna consecuencia. Luego se oyó un grito: “Pichantañani Catuñani” (es decir, “Agárrenlos y quémenlos"). De repente, todos huyeron despavoridos. Un indígena, todavía asustado, dijo: "¿Acaso no ven ustedes esa gran compañía de indígenas armados que vienen para defenderlos?”.

Es maravilloso recordar que el Dios que nos creó de la nada realiza permanentes milagros para cuidar y sostener la vida de sus hijos. Más maravilloso aún es saber que nos rodea con sus fuertes brazos de Padre. Mientras que el acusador procura nuestra muerte, el Defensor sostiene nuestra vida.

Aunque quinientos rodeen tu choza, aunque el fuego esté encendido y la turba enfurecida, aunque el enemigo quiera aprehender y quemar tu fe, tus sueños y tu vida, sigue adelante, vive fielmente, recordando que por el Dios eterno fuimos creados y redimidos. Por él existimos y por él, muy pronto, viviremos para siempre.

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