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PARA EDIFICAR LA IGLESIA

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“Seguid el amor y procurad los dones espirituales" (1 Corintios 14:1).

Pablo introduce 1 Corintios 14 con una recomendación: "Sigan el amor y busquen con celo los dones espirituales, principalmente el de profetizar”. El apóstol no dijo que el don de profetizar era el mejor y el único. Ocurre que algunos hermanos de Corinto estaban hablando en lenguas, pero sin interpretación, y por eso Pablo advierte que, si hablan en lenguas y no se entiende, no sirve para nada.

El apóstol reconoce y afirma: “Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros; pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida" (1 Cor. 14:18, 19).

No sirve hablar lenguas extrañas, porque el don ha sido dado para edificación de la iglesia Así, todo lo que se haga necesita ser inteligible.

Ahora, Pablo dice que imaginemos lo siguiente: si toda la iglesia se reúne en el mismo lugar y todos se ponen a hablar en lenguas, en el caso de entrar personas no instruidas o no creyentes, y que no van a entender nada de lo que se está diciendo, ¿no van a decir que los miembros de esa iglesia están locos?

Además, hablar en lenguas sin entendimiento y sin comprensión puede convertirse en una charla sin sentido y con total desorden. Y eso no es nada bueno, pues, como Pablo dice, en el templo todo debe ser hecho con decencia y con orden. (Ver 1 Cor. 14:40.)

Ekkehard Mueller dice que claramente el don de lenguas puede ser entendido mejor como el don de hablar idiomas extranjeros existentes sin haberlos estudiado antes. En 1 Corintios 14 se refiere a la situación en la cual alguien habla un idioma extranjero en un contexto en el cual el idioma no es comprendido, y solamente habla a Dios porque únicamente Dios puede entender todos los idiomas. El don de lenguas en Corinto era un don genuino del Espíritu Santo, pero era usado incorrectamente. Consecuentemente, la iglesia fue instruida por Pablo para que regresara al uso correcto de los dones espirituales con la intención de que pudieran convertirse en una bendición, y no en un obstáculo para los creyentes y los no creyentes.

“Los talentos que Cristo confía a su iglesia representan especialmente las bendiciones y los dones impartidos por el Espíritu Santo [...]. ‘Mas todas estas cosas obra uno y el mismo Espíritu, repartiendo particularmente a cada uno como quiere'. Todos los hombres no reciben los mismos dones, pero se promete algún don del Espíritu a cada siervo del Maestro” (Elena de White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 262).

Utiliza el don que Dios te dio para edificar a su iglesia.

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