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“NO DEMORES EN VOLVER”

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“Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis" (1 Corintios 15:1).

En 1 Corintios 15 se presentan cinco grandes temas: Pablo reconoce su indignidad y afirma que es apóstol solo por la gracia de Dios; la resurrección de Cristo fue un acontecimiento histórico; la resurrección de Cristo es el fundamento de nuestra fe y la garantía de que el plan de salvación es un éxito; en la segunda venida del Señor los muertos en Cristo resucitarán primero y el regreso de Cristo implicará la destrucción de la muerte.

La resurrección de Cristo es esencial para la fe cristiana, porque si él no resucitó, no tenemos nada para creer y nada para anunciar ni esperar. Gracias a Dios, este evento es plenamente confiable.

Después de su crucifixión, Jesús fue sepultado en la tumba de José de Arimatea por sus seguidores consternados. El domingo, después de la crucifixión, un grupo de seguidoras de Jesús halló la tumba vacía. La tumba vacía está ratificada por fuentes antiguas independientes. En diferentes ocasiones, diferentes individuos y grupos de personas testimoniaron apariciones del Jesús resucitado. Los discípulos creyeron y proclamaron que Jesús había resucitado de los muertos.

La muerte no tiene la última palabra; Cristo tiene la última palabra. Él ha resucitado para mostrarnos que quien muere confiando en él resucitará para vida eterna. La resurrección es “levantarse de la tumba” y la restauración plena de la vida.

Mi madre vivía en Buenos Aires y nosotros en Brasilia, trabajando en la sede de la División Sudamericana. Cierta vez, viajé para visitarla y acompañarla, pues los médicos habían detectado un cáncer de pulmón y definieron hacer quimioterapia. Ella, muy confiada en las promesas de Dios, tenía un único ruego, que era no sufrir y que el Señor hiciera su voluntad. Un domingo de mañana nos despedimos, oramos juntos, y al salir me dijo: “Hijo, no demores en volver”.

Viaje a Brasilia. El lunes al mediodía mi hija me llama y, entre lágrimas, me dice: “La abuela acaba de descansar". Sin que mi madre supiera, no me demoré en volver. Viajamos con mi esposa de Brasilia a Buenos Aires, y llegamos a la medianoche del lunes. Y allí estaba mi mamá, descansando en la segura promesa de la que siempre se aferró. Nuestro dolor de despedida fue con esperanza. Las últimas palabras de ella para mi fueron: “Hijo, no te demores en volver".

Querido lector que sufres por la ausencia del ser amado que perdiste, recuerda que el Hijo de Dios no se demora en volver. Fortalece tu fe, afirma la esperanza y cumple tu misión. En breve, él cumplirá su promesa, y los que descansan en Jesús resucitarán primero.

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