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AMOR COHERENTE

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“Por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas lágrimas, no para que fuerais entristecidos, sino para que supierais cuán grande es el amor que os tengo" (2 Corintios 2:4).

En 2 Corintios 2 encontramos preciosas enseñanzas en la vida y el ministerio del apóstol Pablo.

1. Al trabajar con personas, debemos hacerlo con amor genuino, el amor que mueve el corazón de Dios.

2. En muchos momentos de la vida fuimos perdonados, animados y auxiliados por Dios. Por eso, es necesario que manifestemos el mismo espíritu ante las personas.

3. Gracias a Dios, que Cristo siempre nos conduce en triunfo, y por medio de nosotros manifiesta la fragancia de su conocimiento en todas partes.

4. Nunca perdamos el sentido del respeto a la Persona de Cristo y su Palabra. Jamás hagamos negocios con las cosas espirituales.

5. Es el amor a Dios y a las personas lo que nos lleva a vivir con coherencia. Si amamos a Dios, tenemos que amar al prójimo; si no, no hay coherencia. La sinceridad y la convicción armonizan de manera adecuada el discurso y la práctica, la palabra expuesta por palabra y ejemplo.

Se define la coherencia como una relación lógica entre dos cosas o partes, de manera que no hay contradicción ni oposición entre ellas. Un discurso es coherente si sus partes armonizan, una vida es coherente si la práctica coincide con el discurso.

Suele resultar bastante común, incluso en vidas religiosas, evidentes contradicciones que manifiestan incoherencia. La persona coherente actúa en consecuencia con las ideas que expresa. “La identidad de un hombre consiste en la coherencia entre lo que es y lo que piensa” (Charles Sanders).

Una persona coherente no da puntapiés a una colmena, si lo que quiere es miel. Una persona coherente no va a apagar un incendio con fuego, ni resolver una inundación con agua. Cuando uno no vive como cree, termina creyendo lo que vive. Lo que marca la pauta de la coherencia es la Palabra de Dios, y no la conducta incoherente de la sociedad. Pablo parecía coherente cuando quería perseguir y matar cristianos; por lo menos, sus convicciones armonizaban con sus acciones. Estaba sinceramente equivocado... hasta que sometió su vida a la voluntad de Dios.

La alineación es el proceso por el que se ajustan las llantas de un vehículo para que miren hacia el frente; es decir, los neumáticos deben quedar paralelos entre sí y perpendiculares al camino.

Si queremos viajar seguros por el camino de la vida, tenemos que alinear los pensamientos, los sentimientos, las palabras y las acciones tomando como referencia suprema el amor y la Palabra del Señor.

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