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DE CARPA A EDIFICIO

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“Sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshace, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha por manos, eterna, en los cielos” (2 Corintios 5:1).

En 2 Corintios 5, el apóstol Pablo afirma y reafirma la certeza de la gloria inmortal. Pero también deja en claro que todos compareceremos

en juicio ante Dios, cuando seremos juzgados por él. Por su parte, también afirma que trabaja para Dios con celo y compromiso, y que no tiene la mínima intención de jactarse del trabajo que hace. De esta manera, Pablo se esfuerza por cumplir la misión que Dios le dio y para vivir en paz con su propia conciencia.

El apóstol destaca una enseñanza preciosa: la muerte de Cristo en nuestro favor debe producir en nosotros una respuesta de compromiso y lealtad hacia él, y debe llevarnos de una vida egoísta y centralizada en nosotros mismos hacia una vida vivida para seguir y hacer la voluntad de Dios. Sí, quien aceptó a Cristo en su vida es una nueva criatura. Por ello debe abandonar la vieja vida de pecado y pasar a vivir a la luz del evangelio de Cristo. Esto es posible porque Cristo nos ha reconciliado con el Padre, proveyendo una nueva relación con Dios.

No merecemos el amor de Dios, pero él es tan misericordioso que nos ama, nos libera de los pecados, nos transforma cada día y nos hace sus representantes ante las personas. ¡Así es nuestro maravilloso Dios! Todo esto con un objetivo para nosotros y para todos: cambiar nuestra morada terrestre en edificio eterno.

Pablo inicia el capítulo contrastando e ilustrando la vida en los tiempos presente y eterno. Pablo era fabricante de carpas y dice que para hoy tenemos un tabernáculo, una carpa, una tienda, una morada terrestre, llena de gemidos, que se va desgastando. Tanto la carpa como el cuerpo están constituidos por materiales que provienen de la Tierra, transitorios y fáciles de destruir.

En cambio, la morada celestial es un edificio originado con materiales que vienen del cielo. El tiempo de la carpa se está acabando.

Es hora de estrenar el nuevo edificio. No es reinauguración, no es una limpieza del polvo y una mano de pintura. No es una carpa reformada. Es una vida restaurada. No será una carpa disfrazada, es la vida recuperada. El Maestro constructor hace nuevas todas las cosas: nuevo vigor, nuevas fuerzas, nueva vida.

¿Carpa o edificio? Tú debes decidir hoy.

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