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LA PIEDAD

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"Sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor y luego a nosotros, por la voluntad de Dios” (2 Corintios 8:5).

Una vida piadosa es religiosa, santa, fiel, y coloca todo lo que somos y tenemos a los pies del Señor. Es la respuesta a la piedad de Dios.

El amor y la fidelidad hacia Dios se proyectan en amor y fidelidad hacia el prójimo. De este amor practicado hacia Dios fluye un amor fraterno entre los hombres.

En este capítulo, la gracia de Dios y la piedad de los creyentes se evidencian en la acción generosa en ayuda de los necesitados. Una vida piadosa se dispone a suplir las necesidades del prójimo. Necesitamos lo siguiente:

1-Una contribución sincera: La dadivosidad del creyente es resultado de las bendiciones de Dios y una oportunidad para demostrar la autenticidad del amor. La sinceridad de reconocerse administrador y no propietario de los recursos de Dios.

2-Una contribución voluntaria: El buen ejemplo de los macedonios no era para crear rivalidad ni competencia. La contribución tenía que ser libre. Ninguna causa, por buena que sea, puede ser impulsada por el orgullo, la vanidad o el egoísmo.

3-Una contribución realista: De acuerdo con las posibilidades de cada uno, de manera proporcional. Siempre con buena voluntad. Aun lo poco es aceptable.

4-Una contribución confiada: La referencia siempre es Cristo, que, siendo rico por sus atributos de la Deidad, se hizo pobre, se encarnó en nuestras miserias, para enriquecernos y proveernos de una vida nueva.

La Piedad es una obra escultórica del Renacimiento italiano creada por Miguel Ángel Buonarroti en el año 1499, cuando tenía apenas 24 años. La obra se encuentra en la basílica de San Pedro, del Vaticano, en Roma. La escultura representa una escena que no aparece en los evangelios, donde María sostiene el cuerpo muerto de Cristo después de ser retirado de la cruz.

La escultura está hecha de mármol de Carrara y es una roca compacta, que sometida a elevadas temperaturas alcanza un alto grado de cristalización. Tras un proceso de pulido, el mármol alcanza un alto nivel de brillo.

Nuestra sociedad está llena de personas brillantes cuyos corazones son duros y fríos como la roca. El creyente no está hecho de mármol, sino de carne y hueso. Está llamado por Dios a relucir y brillar, por medio de una vida piadosa, dedicada y dadivosa. Esto solo es posible si estas sometido a la Roca, que es Jesús.

No seamos una roca como el mármol, con brillo propio; mejor vive dependiendo y sostenido por la Roca, y tu brillo será el reflejo del brillo de Jesús.

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