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SEAMOS COMO MARADONA

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“En cuanto a la ayuda para los santos, es por demás que yo os escriba, pues conozco vuestra buena voluntad" (2 Corintios 9:1, 2).

En 2 Corintios 9, Pablo sigue estimulando a la caridad. Destaca el valor de confiar en Dios y servir a las personas, lo que nos llevará a cumplir mejor la misión. El apóstol dice que la cosecha estará en consonancia con la siembra. Hay que sembrar mucho, si queremos frutos abundantes. El capítulo concluye con gratitud por el Don inefable, que es Cristo, nuestro Señor,

Por eso, deberíamos ser como Maradona. No, no me refiero a Diego Maradona, el exfutbolista, sino al médico Esteban Laureano Maradona, un hombre íntegro, servicial, caritativo y generoso como pocos.

El Dr. Maradona nació en 1895, en la ciudad de Esperanza, Santa Fe, Argentina, y se diplomó como médico en la Universidad de Buenos Aires. Fue también científico, profesor, botánico, escritor y periodista.

A los cuarenta años, el curso de su vida cambió para siempre. Viajaba en tren hacia el norte argentino, para visitar a su hermano. La vieja locomotora se detuvo en una pequeña localidad de Formosa. En el monte, una parturienta se debatía entre la vida y la muerte. Y hacia allí se dirigió el doctor. Maradona logró salvar a la madre y al bebé.

Cuando regresó, el tren ya había partido. Una multitud de enfermos pidió ser atendida. Y él se quedó allí. Durante los siguientes cincuenta años curó leprosos, atendió a baleados y engangrenados, fue partero a la luz de la Luna y pediatra sin agua corriente. Jamás aceptó que le pagaran. “Con el oxígeno del aire y el agua que viene del cielo me basta. No tengo motivos de queja”, repetía.

Falleció en 1995, a los 99 años. Fue tres veces propuesto para el Premio Nobel y obtuvo el Diploma de Honor Internacional de Medicina por la Paz, otorgado por las Naciones Unidas. Pero su mejor logro fue trabajar por los indígenas y los pobres, que lo rodearon de afecto y reconocimiento por su humildad y por la dedicación con que asumió la profesión.

Él mismo resumió su vida: “Si algún asomo de mérito me asiste en el desempeño de mi profesión, este es bien limitado. No he hecho más que cumplir con el clásico juramento de hacer el bien. Muchas veces se ha dicho que vivir en austeridad y solidariamente es renunciar a uno mismo. En realidad, eso es realizarse plenamente en la dimensión magnífica para la cual fue creado".

Como Maradona, o mejor, como Pablo y como Jesús, vivamos dándonos por entero, porque “la generosidad verdadera es así: uno da todo y siempre siente como si no le hubiera costado nada” (Simone de Beauvoir).

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