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UN DADOR ALEGRE

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"Cada uno de como propuso en su corazón: no con tristeza ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7).

¿Es el monto o la disposición a dar lo que vale? ¿Qué quiere decir ser “un dador alegre"? Es dar con espontaneidad, con placer, de manera proporcional y voluntaria. Este principio se aplica tanto a la entrega de los diezmos como de las ofrendas. En el caso del diezmo, devolvemos la parte que es del Señor, que le pertenece; por lo tanto, se requiere fidelidad. En las ofrendas se requiere generosidad. En ambos casos, el dador debe ser "alegre". El ser humano se alegra por recibir, no por dar. Alegrase por dar es tener el espíritu de Jesús.

¿Por qué Dios ama al dador alegre? ¿Acaso hace Dios distinciones? Él ama a todos, pero tiene una complacencia especial cuando es honrado por la motivación del dador con alegría. La Luna refleja la luz y el brillo que provienen del Sol. No guarda de manera egoísta para sí. Pero el mayor argumento de la razón por la que ama al dador alegre es que Dios es un dador alegre, al punto de que no escatimó ni a su propio Hijo. ¿Nosotros entregaríamos a nuestros hijos para salvar enemigos? Él nos da sin que le pidamos y sin que lo merezcamos. Todo lo que tenemos y somos se lo debemos a él. Solo porque él es un dador alegre para nosotros es que nosotros podemos ser dadores alegres para él.

El Pr. Spurgeon preguntó: “¿Han puesto su confianza en Jesús? Si su corazón pertenece al Señor, y han sido lavados en su sangre, recuerden siempre que Dios ama al dador alegre”.

Al respecto, Elena de White declara: “El espíritu de egoísmo es el espíritu de Satanás. El principio ilustrado en la vida de los mundanos es el de conseguir, conseguir. Así esperan asegurarse felicidad y comodidad; pero el fruto de su siembra es tan solo miseria y muerte. El espíritu de liberalidad es el espíritu del cielo. Este espíritu halla su más elevada manifestación en el sacrificio de Cristo en la Cruz. En nuestro favor, el Padre dio a su Hijo unigénito; y Cristo, habiendo dado todo lo que tenía, se dio entonces a sí mismo, para que el hombre pudiera ser salvo. La Cruz del Calvario debe despertar la benevolencia de todo seguidor del Salvador. El principio allí ilustrado es el de dar, dar. “El que dice que está en él, debe andar como él anduvo'” (Los hechos de los apóstoles, p. 273).

Quien tiene el espíritu del Cielo es un dador alegre que bendice a otros, se bendice a sí mismo y glorifica a Dios.

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