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TU PRIMER TRABAJO

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“Yo, Pablo, os ruego por la mansedumbre y bondad de Cristo” (2 Corintios 10:1).

En 2 Corintios 10, el apóstol Pablo nos recuerda que siempre se comportó como un siervo de Dios y de las personas. Pero, de vez en cuando los dirigentes religiosos necesitan demostrar firmeza, poder y autoridad. Se destacan tres enseñanzas básicas:

1-Someter nuestra vida en obediencia a Dios. Todos los hijos y las hijas del Padre celestial deben vivir en obediencia y compromiso con las orientaciones de Dios.

2-Gloriarse en el Señor. Si tenemos algún éxito, si hacemos algo bien hecho, si nos destacamos en algo, el crédito no es nuestro; el crédito es siempre de Dios porque nos capacita para tener éxito en la vida.

No se aprueba quien a sí mismo se alaba, sino aquel a quien el Señor alaba. El éxito puede hacer que pensemos que somos buenos, que somos mejores que los demás. Necesitamos tener la conciencia de que hablar bien de uno mismo es el camino mortal para el orgullo y la arrogancia. ¿Cuál es la solución, entonces?

3-Vivir a la luz de la aprobación de Dios. Todo el honor, todo el crédito, toda nuestra gratitud y compromiso son de Dios, pues todo lo que tenemos y somos es gracias a Dios. Todo este camino de bendición empieza por una profunda vida de oración.

El Pr. Luther Gibbs sugiere practicar el alfabeto de la oración:

A- Adoración. Reconocer que estamos en la presencia de Dios, quien es santo, majestuoso y poderoso; capaz de suplir toda necesidad.

B- Bendición. Reconocer lo que Dios ha hecho por nosotros y agradecer y alabar su nombre.

C- Confesión. Reconocer nuestros pecados y pedir perdón a Dios por ellos. La confesión tiene que ser general, por nuestra naturaleza pecaminosa, y además especificar puntualmente las faltas cometidas.

D- Deseo. Reconocer nuestras necesidades y deseos, y elevar las peticiones a Dios. Oramos por los demás, pero también debemos hacerlo por nosotros mismos.

Nada mejor para orientar nuestra vida que aquella cita de oro de Elena de White: “Conságrate a Dios todas las mañanas; haz de esto tu primer trabajo. Sea tu oración: 'Tómame ¡oh, Señor! como enteramente tuyo. Pongo todos mis planes a tus pies. Úsame hoy en tu servicio. Mora conmigo, y sea toda mi obra hecha en ti. Este es un asunto diario. Cada mañana, conságrate a Dios por ese día. Somete todos tus planes a él, para ponerlos en práctica o abandonarlos, según te lo indicare su providencia. Podrás así poner cada día tu vida en las manos de Dios, y ella será cada vez más semejante a la de Cristo” (El camino a Cristo, p. 70).

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