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UN TESTIMONIO PERSONAL

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“Esto sólo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la Ley o por el escuchar con fe?" (Gálatas 3:2).

En los sesenta versículos de los capítulos 3 y 4 de Gálatas, tenemos el mensaje más fuerte de Pablo defendiendo la salvación por la gracia y la justificación por la fe, advirtiendo y amonestando contra el legalismo. Sus argumentos no son a medias. Los oponentes habían usado todo tipo de argumentos para engañar; él iba a usar todo el peso de la verdad para salvar. Pablo presenta como argumento en favor de la verdad el propio testimonio de los Gálatas. Ellos se volvieron creyentes al mirar al evangelio, y se volvieron insensatos al dejar de mirar el evangelio.

La palabra clave está en la pregunta de Pablo en Gálatas 3:4: "¿Tantas cosas habéis padecido en vano?" El apóstol había acompañado a estos creyentes en sus primeros pasos. Sabía de su experiencia transformadora y cómo habían salido de las tinieblas a la luz admirable del evangelio. ¿Y ahora?

La llegada de los legalistas fascinó a los gálatas. Pablo los trata de insensatos, no en el sentido de inicuos, sino en el sentido de espiritualmente atrasados. Pablo fortalece su argumento al decir que habían visto al Cristo crucificado, y que oyeron, creyeron, obedecieron y nacieron en la familia de Dios.

Así como lo indica el versículo de hoy, la mención a recibir al Espíritu Santo aparece 18 veces en toda la epístola. Esa recepción ¿fue por fe o por obras? Desde luego que fue porque creyeron. Y el Espíritu Santo los llevó a Cristo.

En el Jardín del Edén estaba el Árbol de la Vida. Todos los caminos del jardín conducían allí. Por culpa de nuestro pecado perdimos nuestro acceso. Cuando la cruz de madera levantó a Cristo en el Calvario, como la vieja serpiente en el desierto, el Árbol de la vida escondido quedó a la vista de todos. Hoy, hay un solo camino al Árbol de la Vida, y ese camino es Cristo. Insensatamente, los gálatas miraban hacia otro lado.

Estimado lector, ¿hacia dónde estás mirando? Por favor, mira a la Cruz. “En el don incomparable de su Hijo, Dios rodeó al mundo entero con una atmósfera de gracia tan real como el aire que circula en derredor del globo. Todos los que decidan respirar esta atmósfera vivificante vivirán y crecerán hasta alcanzar la estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús” (Elena de White, El camino a Cristo, p. 68).

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