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EN LIBERTAD

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“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud" (Gálatas 5:1).

En el capítulo 5 de Gálatas, Pablo enfatiza el permanecer en la libertad de la salvación por la fe en Cristo. También argumenta que el amor es la esencia de la Ley. Un llamamiento importante del apóstol es a que permanezcan firmes sobre una base sólida. Esa base es la verdad establecida en las Sagradas Escrituras. El cristiano diligente persevera en el estudio y el análisis de las Escrituras, y en ella se examina para descubrir si permanece firme en la fe.

No importa cuánto conozcamos sobre las Escrituras y su interpretación, siempre debemos seguir en la búsqueda de la verdad. Por eso, quiero decirte: conoce las verdades de la Biblia, vive esas verdades y continúa creciendo, descubriendo y aplicándolas a la vida.

Pablo recuerda a los gálatas que no están bajo la Ley, y les advierte que el Espíritu Santo nunca lleva a la gente a buscar la salvación mediante la conformidad con los requisitos del sistema ritual judío, o por cualquier sistema de justicia legal, o incluso la salvación por la obediencia a la Ley moral de los Diez Mandamientos. Los que se someten a una religión legalista están en guerra con el Espíritu Santo.

Finalmente, destaca el fruto del Espíritu, que se refiere a lo que se desarrolla naturalmente en la vida cuando el Espíritu tiene el control. Los resultados de este control están en contraste con las obras de la carne. El fruto del Espíritu no es producto espontáneo de la naturaleza humana, sino de un poder completamente diferente que proviene del exterior de la persona.

La palabra "fruto” está en singular, mientras que la palabra “obras” está en plural. Hay un solo “fruto del Espíritu", y ese único fruto incluye todas las gracias cristianas allí enumeradas. En otras palabras, todas estas gracias deben estar presentes en la vida del cristiano. Entender esto significa experimentar la verdadera libertad y la plenitud del gozo cristiano.

“El que está tratando de alcanzar el cielo por sus propias obras observando la Ley está intentando lo imposible. No hay seguridad para el que tenga solo una religión legal, solo una forma de la piedad. La vida del cristiano no es una modificación o mejora de la antigua, sino una transformación de la naturaleza. Se produce una muerte al yo y al pecado, y una vida enteramente nueva. Este cambio puede ser efectuado únicamente por la obra eficaz del Espíritu Santo” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, p. 143).

La gracia de Cristo nos da la libertad del pecado y nos lleva a obedecer. Es la obediencia que procede del amor de Dios, y no la obediencia que pretende inducir a Dios a amarnos.

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