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FE QUE OBRA POR EL AMOR

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“Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor” (Gálatas 5:6).

Ya hemos visto que ni el legalismo ni el libertinaje nos llevan por buen camino. No son nuestras obras lo que nos gana el derecho al cielo,pero son nuestras obras lo que evidencia la calidad de nuestra fe. Pablo dice que es la fe que obra por el amor. La circuncisión o la incircuncisión pueden hacerte esclavo, pero para quien confía en Jesús y permite que dirija sus acciones, su amor nos lleva al “trío” que conduce nuestra existencia: la fe, la esperanza y el amor.

Así, el amor verdadero no crea reglas propias, sino que se expresa en obediencia a la voluntad de Dios. La fe tiene sus obras, motivadas por el puro amor de la presencia de Cristo en nosotros. El amor a Dios y su voluntad no crean en nosotros una fe salvadora, sino que son producto de ella, que nos lleva a la acción.

Elena de White nos dice que cuando hablamos de la fe debemos tener siempre presente una distinción. Una cosa es una creencia, y eso difiere de la fe. Por ejemplo: la existencia y el poder de Dios, la verdad de su Palabra, son hechos que aun Satanás y sus huestes no pueden negar. La Escritura dice que "los demonios lo creen, y tiemblan" (Sant. 2:19), pero esto no es fe.

Fe es creer que Dios existe; fe es someternos a su voluntad; fe es entregar a Dios el corazón y los afectos. “Una fe que obra por el amor y purifica el alma. Mediante esa fe el corazón se renueva conforme a la imagen de Dios. Y el corazón que en su estado inconverso no se sujetaba a la Ley de Dios ni tampoco podía se deleita después en sus santos preceptos y exclama con el salmista: ‘¡Oh cuánto amo tu ley! todo el día es ella mi meditación’. Entonces la justicia de la Ley se cumple en nosotros, los que no andamos 'conforme a la carne, mas conforme al espíritu'” (Elena de White, El camino a Cristo, p. 63).

La fe que salva es una fe viva, activa y operante. La salvación es un regalo de Dios, fruto de su amor y compasión por nosotros; y en gratitud devolvemos el más cálido afecto de nuestro corazón. Spurgeon explicaba que, cuando Jesús es todo para nosotros, es el Señor de nuestro corazón. La fe, en vez de ser una cosa pobre y miserable, como algunos imaginan, es la causa más grandiosa de amor y, por tanto, de obediencia y santidad.

Querido lector, que nuestra fe sea tan real que por el amor de Cristo y a Cristo produzca los mejores y abundantes frutos.

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