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LOS “SIN” Y LOS “CON"

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“En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo” (Efesios 2:12, 13).

Existen hoy grupos en algunos países que se identifican con los "sin": “Los sin tierra”, “Los sin techo”, “Los sin poder”, “Los sin pareja”, “Los sin nombre", etc. Algunos de ellos, levantando la bandera de una causa que defienden. Pablo habla de los gentiles con un pasado (“antes”) y un presente (“ahora"). El pasado de los gentiles se aglutina en la palabra “sin". Ellos eran los "sin".

Había una serie de dioses paganos y un sincretismo religioso. Diana era la más famosa diosa de los efesios. Los efesios nunca habían escuchado de Cristo; por eso, Pablo les dice “los sin Cristo”.

"Sin Cristo”. No es neutralidad, es una tragedia.

“Sin ciudadanía”. Dios había convertido a los judíos en una nación, en su momento poderosa, de referencia, para iluminar y bendecir a las otras naciones. Esa era su razón de ser. Un prosélito podía entrar, pero no tenía derechos.

“Sin pacto". Dios había hecho un acuerdo con los judíos y, aun cuando por extensión alcanzaba a los gentiles, como nación eran ajenos al Pacto. Por eso, algunos judíos les refregaban siempre que ellos eran los "sin". Incluso, oraban así: “Señor, te doy gracias que soy judío y no soy ni gentil ni mujer”.

Wiersbe dice que los historiadores se refieren a una gran desesperanza en el mundo antiguo, con filosofías huecas, tradiciones que desaparecían y religiones que no generaban ni fe ni esperanza. Creencias que no dan fuerzas para sobrellevar la vida ni para enfrentar la muerte. Eran “los sin esperanza”.

Los paganos tenían infinidad de dioses. Era más fácil, en Atenas, encontrar dioses que seres humanos. Pero estos muchos dioses eran nada; por eso, ellos estaban sin Dios. En realidad, no era que Dios los dejó a ellos, sino que ellos lo dejaron a Dios. La historia dice que todo empezó con un solo Dios, pero a medida que se alejaron del único y verdadero Dios, fueron creando uno y muchos falsos dioses.

"Pero ahora”, dice Pablo, la historia puede cambiar. Es que, tanto para aquellos efesios como para nosotros, no necesitamos ser los “sin", porque Dios nos ha llamado para ser los “con”. “Los conectados con Dios”, “Los con esperanza”, “Los con un pacto”, “Los con una ciudadanía”, “Los con Cristo”. Los “sin” son vencidos, los “con” son invencibles.

“No hay nada que parezca más impotente que la persona que siente su insignificancia y confía plenamente en Dios, y en realidad no hay nada que sea más invencible" (Elena de White, Profetas y reyes, p. 129).

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