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LOS SIETE DE LA UNIDAD

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“Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos y por todos y en todos” (Efesios 4:4-6).

La unidad tiene que estar centrada en Cristo y en su Palabra. Si la doctrina es la que nos divide y el amor es lo que no une, ¿por qué no dejamos de lado la doctrina, y nos gozamos en el vínculo del amor? ¿Por qué no somos más abiertos? Uno escucha sobre “parejas abiertas”, donde cada uno vive su amor a su manera, cuando quiere y con quien quiere. ¿Eso es amor?

El amor es un principio y es fiel. Si no, no es amor. La unidad basada sobre algo que no sea la verdad bíblica no se sostiene. Pablo presenta las siete realidades espirituales básicas de la unidad por la que Cristo oro.

1-Un cuerpo. El cuerpo de Cristo, del cual cada creyente es miembro desde el momento de la conversión.

2-Un espíritu. El Espíritu Santo habita en cada creyente, de modo que nos pertenecemos mutuamente en el Señor.

3-Una misma esperanza de vuestra vocación. El regreso del Señor para llevar a su iglesia al cielo. Cuando los novios -el Cordero y la iglesia- se casarán por la eternidad.

4-Un Señor. El Dios hecho carne, crucificado, resucitado, que hoy intercede por nosotros y que pronto vendrá, quien murió, vive y vendrá por nosotros. Reconocer el Señorío de Cristo es base de la unidad.

5-Una fe. Cristo concedió su verdad a la iglesia. Somos columna y baluarte de la verdad, pero no legislamos qué es verdad; así como no producimos pan. El pan está hecho; lo comemos y lo compartimos. La iglesia primitiva reconocía un cuerpo de doctrina que enseñaban, vivían y compartían.

6-Un bautismo. La Biblia dice que el hombre pecador necesita nacer de nuevo, por la Palabra, por el Espíritu y por el agua. El bautismo es la puerta de entrada al cuerpo de Cristo, que es la iglesia

7-Un Dios y un Padre. Pablo enfatiza reconocer a Dios como Padre. Eso nos provee una familia. Es un padre, no muchos padres. Jesús nos enseñó a orar Padre nuestro, no Padre mío. Somos hijos de la misma familia, que amamos y servimos al mismo Padre; así que, debemos ser capaces de andar en unidad.

Estos siete pilares salvaguardan nuestra unidad. Nosotros, como los rayos de una bicicleta, cuanto más cerca del centro, más cerca estamos entre nosotros. Y así, unidos a Cristo y su Palabra, alcanzamos la verdadera unidad.

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