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IMITADORES

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“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados” (Efesios 5:1).

En Efesios 5, el apóstol Pablo ofrece siete sabios consejos:

1. Seamos imitadores de Dios, viviendo en amor y sacrificio en favor del prójimo. 2. Huyamos de toda inmoralidad sexual; porque quien no abandone la impureza no participará en el Reino de Dios.

3. Cuidemos nuestras palabras; que sean siempre para curar y no para lastimar.

4. Vivamos como hijos de la luz, practicando la bondad, la justicia y la verdad. 5. Usemos el tiempo de manera sabia, sin perder el tiempo. 6. Huyamos de las bebidas alcohólicas. 7. Que el marido ame a su esposa; y que la esposa ame a su marido.

Pablo nos dice que tenemos que imitar a Dios en amor y sacrificio en favor de los demás. El mensaje adventista en Sudamérica se introdujo porque Jorge Riffel renunció a sus comodidades y amistades en Estados Unidos, y priorizo la difusión del evangelio y la salvación de sus antiguos conocidos y de tantos desconocidos. Sumisión y su convicción se vieron fortalecidas por el apoyo de tres familias que también dejaron todo, y viajaron con él: las familias Frick, Yankey Zimmermann.

El Pr. Rolando Bernhardt Hetze, descendiente de pioneros, cuenta en el libro Crespo, iglesia madre, que años más tarde, cuando Juan Riffel en una sesión de la Asociación General se refería a su abuelo Jorge, lo hizo mencionando tres características de él: su espíritu de oración y amor por las reuniones, su espíritu misionero y su espíritu de generosidad.

Jorge tenía un lugar especial donde pasaba mucho tiempo en oración. El gran tema era la misión: oraba por misioneros, por las personas para estudiar la Biblia, por conversiones y bautismos.

El espíritu misionero y de generosidad no tenía límites. Ponía todo a disposición, realizaba largos viajes en sus carros a caballos para tener reuniones, visitar personas y compartir el evangelio. Regresaba muy tarde a la noche a su casa, para seguir cuidando de los animales y de las plantaciones de trigo. Sin embargo, la gran siembra era con la semilla del evangelio en el corazón de todos los vecinos. Tenía un fuego en su corazón que ardía y encendía nuevos fuegos.

Elena de White destacaba así la labor de los pioneros: “Los hombres experimentados y piadosos que iniciaron esta obra, que se negaron a sí mismos y no vacilaron en sacrificarlo todo por su éxito, ahora duermen en la tumba [...]. Su pureza, su devoción, su abnegación y su unión vital con Dios constituyeron una bendición para la edificación de la obra” (Mensajes selectos, t. 2, p. 245).

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