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K'NAAN Y CANAÁN

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"Orad en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velad en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Efesios 6:18).

Warren Wiersbe afirma que la oración es la energía que capacita al soldado cristiano para usar la armadura y blandir laespada. Debemos orar siempre. La actitud de comunión y oración debe ser permanente, no solo para pedir, sino también para agradecer, para confesar, para alabar y para interceder.

Debemos orar en el Espíritu. Oramos al Padre a través del Hijo en el Espíritu. Es el Espíritu el que acomoda y transforma nuestro ruego pecaminoso en sabia súplica. “La oración no es lograr que se haga la voluntad del hombre en el cielo; es lograr que se haga la voluntad de Dios en la Tierra" (Robert Law).

Debemos orar, velar y trabajar. Elena de White nos dice que hay tres consignas en la vida cristiana que deben ser observadas si deseamos evitar que Satanás nos gane la delantera: “Velar, orar y trabajar. Su única seguridad consiste en vivir una vida vigilante. Vele y ore siempre” (Joyas de los testimonios, t. 1, p. 248).

En lejanas tierras africanas, nació y creció K‘naan, que en su idioma original somalí significa "viajero”. Creció entre las guerras y las hambrunas. Hoy ya no sufre en su Somalia natal debido a su mayor éxito: producir el himno oficial del mundial de fútbol de Sudáfrica 2010, titulado “Waving Flag" [Bandera flameante]. De la letra de esta canción se destacan estas frases: “Cuando sea grande, seré más fuerte. Por ahora sufro la violencia, vivo en lugares duros, oscuros y pobres. No se aceptan derrotas, imposible rendirse; como soldados, seguimos luchando y buscando libertad. Esperamos por otros días. Como una bandera que flamea”.

Como K‘naan, somos viajeros sufrientes. Jesús levantó con su vida la bandera manchada con su sangre, pagando el precio de nuestra redención. Hoy tenemos que levantarla bandera de la esperanza, No se aceptan derrotas, imposible rendirse. Luchando pronto llegaremos al final del viaje, ala Canaán prometida, cuando cantemos el himno oficial inaugural del Universo restaurado. No se aceptan derrotas, imposible rendirse, porque estos días no están tan lejos.

“Si alguna vez alcanzamos el cielo, será por ligar nuestra alma a Cristo, apoyarnos en él y romper las ataduras del mundo, sus locuras y sus encantos. Debemos creer, trabajar, orar, velar y esperar. El fin de todas las cosas está cerca. Se necesitan ahora hombres y mujeres armados y equipados para luchar en favor de Dios” (Elena de White, La educación cristiana, p. 109).

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